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La mirada de Jovellanos

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  También me edifica el viento, la singularidad, el cielo, el ocaso paciente que demora la tarde. También fui yo la persona que corre allá en la orilla, la elipsis del ave, el mar encabalgado, el tiempo que devora la tarde. Fui cualquier playa en mayo. Cualquier mar, el triunfo de la épica, mirar al animal sinuoso que aplasta y barre la tierra. Que la dignifica. Fui yo mismo aquí. Ahora puedo recordar... Fui la mirada de Jovellanos desde su celda. Su mar, el mío y todas las cadenas. El aire ancho y violento. La mirada de un hombre que sostiene la tarde.

El hilo de ayer

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    Si estoy suficientemente audaz, no entro en las tripas del momento. Procuro no recrear la primera experiencia, no sacar tajada de un viejo latido. Arden las pérdidas -por supuesto.- Pero ando tejiendo un ahora con el hilo de ayer.

Todo aquello que lucha por nosotros

"Multitudes enteras habían llegado allí durante más de un siglo, habían labrado la tierra, abierto surcos cada vez más profundos en ciertos lugares, en otros cada vez más irregulares, hasta que una tierra ligera los recubría y la región volvía a la vegetación salvaje, y procreaban y desaparecían. Y así sus hijos. Y los hijos y los nietos de aquéllos se encontraron con esa tierra como se encontraba él, sin pasado, sin moral, sin lección, sin religión, pero contentos de estar y estar en la luz, angustiados frente a la noche y a la muerte.” El último hombre. Albert Camus   “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”   Julio Cortázar   Transcurre el día con formas de sueño. No embriaga el momento, solo se filtra como un veneno que seda de oscuridad y se administra lentamente, sin matar. No es júbilo sino distracción. No es presen

Objetivo

Descifrar esa sonrisa ladeada. Descomponerla en ojos, labios, ángulos, y la luz de abril que se inyecta de nordés en el cabello recogido y la blusa a rayas. El enigma de tu cuerpo tras el pantalón de lino. Los pies bonitos dentro de las sandalias.  Los pies transparentes.  Descifrar tu presencia inaccesible, la sonrisa dulce y ladeada que capitanea mis asombros.   

Silencios

Silencios Trompetas de muerte. Lo que no se dice son himnos del olvido.

Como se entiende un viaje

  ...joder, pues porque atardecía. Y yo estaba sentado en la Cruz, atento a todo. Y me daba cuenta. Y el momento tomó forma. Y yo atento a todo. A los coches que llegaban a la misa de las ocho y se colocaban en los aparcamientos y parecían hormigas. A las farolas que, como despertando, de repente iluminaban solo lo justo a su alrededor, aquella cornisa, la puerta de la escuela, la copa del árbol al lado de la canasta. Y yo atento al declive de la luz, al desparrame discretísimo del sol hacia abajo, allá a lo lejos. A los sonidos, a esa curva que es la tarde y que ignoro siempre y siempre está ahí, día tras día, para quien sepa pararse y quiera presenciar el minutero que es la tarde, la luz que merma, despacio, silenciosa. Y hay que reconocer que el día fue benévolo. Un anticipo de primavera. Una muestra, pura cortesía de un invierno con los días contados ( febrero y sus promesas ). Y allí, sentado en la Cruz, ajeno a las prisas y al drama del día después, allí vivía yo los minutos, que

Nordés y barro, voluntad y hogar

El mundo es arcilla Bienvenida . Quique González    Bajo el pinar chilla el invierno y sobre el suelo de espinas yace el nido volcado de una pega, un informe entramado, perfecto hogar de plumas, ramas y barro.   El nordés, que nos define,  también nos desequilibra, a los funambulistas del viento, a los que caminamos vacilantemente sobre una cuerda, sin más abismo que el empeño por poner ahí debajo el acantilado voraz del propio miedo. Nos define el nordés y el barro. La pega, en la sombra de Diógenes,  colecciona bajo el alero del teixo, cáscaras, excrementos y brillantinas, lo mismo que los buenos y malos recuerdos que son punta de flecha de la memoria,  aquello con lo que construimos -golpe a golpe, verso a verso- todo lo que somos: voluntad y hogar.      De ahí, con barro y esmero,  cada invierno, cada ciclo, una y otra vez el animal construye -inexpresivamente- su cobijo, se empeña, desgastándose en el tiempo, como una roca en la erosión del río, dejándose la piel y la plumas, amig