Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como tren

Shhhhhhhsssscht!!

Imagen
Cuando no queda nada ya por lo que sonreir o por lo que maldecir o por lo que llorar, es decir, cuando sólo hay un enorme espacio (o vacío) de indiferencia, recurrimos inconscientemente al recuerdo o a la imaginación y a todas sus herramientas. Es nuestra forma de evadirnos de un mundo mostruosamente insípido (en este caso seguramente seamos occidentales) o simplemente monstruoso. Rectifico, no es que no quede absolutamente nada como en un apocalipsis o como en un desierto, no. Hay algo, hay sueños, hay esperanzas, motivaciones, luchas, retos, etc. pero en el supuesto que planteo ya se nos ha pasado el tren que nos llevaría a ellos y no estamos dispuestos a otra cosa que a quedarnos quietos y esperar. Por una cuestión de cansancio o vagancia vete tú a saber... Y es entonces cuando poco a poco cerramos los ojos (esto es metafórico) y nos evadimos recordando o imaginando. Con el paso del tiempo, por alguna razón o suerte salta una chispa que nos saca del aturdimiento, de este nihilismo a...

No tengo el tórax de titanio

Imagen
Estaba ido. De aquí para allá bailando con el balón y con el espacio con una vitalidad infantil. Y volea para arriba, y control con la puntera, regates imaginarios, giros, cambios de ritmo, bicicletas. El sol sin dolor se filtraba por el vacío que permitían dos edificios y un eco más propio de un bosque que de un barrio residencial entonaba a lo largo del parque. Cuando pasé la primera vía ya no pensaba en el percance de la estación. No tenía sentido. Siempre iba desquiciarme con la inoperancia de esa gente. No merecía la pena. Y además estaba contento. Que no feliz. Y entonces se abrió el telón, o se cerró, y mi menté se fue más lejos. A un lugar común. Allí donde terminaron tus sonrisas. Entonces Fanjul centró desde el córner, de rosca, de los que el dolor violento en la frente se alivia con el sonido del cuero rozando la malla. No iba mal, a medio metro de mi cabeza. Salté, a lo Zamorano, piernas abiertas, cuello arqueado. Y entonces pasó el revisor, justo en la veintitres y saqué...

Sin pausa

Estamos en edad De no poder ya Bajar del tren De no poder Coger el arco y las flechas Y salir a la carretera Dejándolo todo atrás Los ritmos de vida se solapan Como una baraja desordenada Y hasta las subversiones más viables Están limitadas por el maquinista Y así Con la calculadora en una mano Y la incoherencia en la otra Vemos pasar valles y montañas Por la ventanilla de este tren impasible Ya no sé si es la soci edad O nosotros Los culpables de esta absurda broma De este sistema deficitario