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La memoria apuntalada

Podrían ser de hace treinta, cuarenta años, estos sonidos que apuntalan la memoria. Podría ser yo el árbol del bulevar desaparecido, la hiedra en el muro, el eco de los juegos crepusculares burlándose del tiempo. Podría ver el mundo desde un cristal diáfano, desaparecer cada día en el agujero milagroso de la noche. Podría ser de nuevo vergel y lluvia, oblicua luz, infinito cielo... Podría ser. Me bastaría esa blanda existencia para sobrevivir a la intemperie del olvido. Pero el presente es súbito como la califragía de un relámpago. En los costados cargo con el torpe, el innecesario peso de la nostalgia.

La mirada de Jovellanos

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  También me edifica el viento, la singularidad, el cielo, el ocaso paciente que demora la tarde. También fui yo la persona que corre allá en la orilla, la elipsis del ave, el mar encabalgado, el tiempo que devora la tarde. Fui cualquier playa en mayo. Cualquier mar, el triunfo de la épica, mirar al animal sinuoso que aplasta y barre la tierra. Que la dignifica. Fui yo mismo aquí. Ahora puedo recordar... Fui la mirada de Jovellanos desde su celda. Su mar, el mío y todas las cadenas. El aire ancho y violento. La mirada de un hombre que sostiene la tarde.

Nordés y barro, voluntad y hogar

El mundo es arcilla Bienvenida . Quique González    Bajo el pinar chilla el invierno y sobre el suelo de espinas yace el nido volcado de una pega, un informe entramado, perfecto hogar de plumas, ramas y barro.   El nordés, que nos define,  también nos desequilibra, a los funambulistas del viento, a los que caminamos vacilantemente sobre una cuerda, sin más abismo que el empeño por poner ahí debajo el acantilado voraz del propio miedo. Nos define el nordés y el barro. La pega, en la sombra de Diógenes,  colecciona bajo el alero del teixo, cáscaras, excrementos y brillantinas, lo mismo que los buenos y malos recuerdos que son punta de flecha de la memoria,  aquello con lo que construimos -golpe a golpe, verso a verso- todo lo que somos: voluntad y hogar.      De ahí, con barro y esmero,  cada invierno, cada ciclo, una y otra vez el animal construye -inexpresivamente- su cobijo, se empeña, desgastándose en el tiempo, como una roca en l...

Descenso

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Atardece sobre los campanarios, en una ciudad amarilla o en un café bajo la lluvia (no importa) Mucho antes , el trascurrir del tiempo en la ribera del rio se volvió una fotografía inmóvil que muestra a una familia entre los juncos, como una tribu. Por el día están atentos a las mareas y al lenguaje, que da comienzo. Por la noche se quedan ensimismados en la sombra azul de la luna y en el mar antiguo que lanza las olas con desgana hasta la orilla. Es la memoria, que no sabe -como un liquen en la roca o un libro viejo olvidado en las estanterías del desván- Es la memoria, que no sabe. Se desliga del hombre y continua avanzando, a tientas, hacia su final.

Venus

Ayer Venus apareció de forma única prendido de un cielo metálico, en algún punto del sur. Él subía la cuesta afanosamente, sin querer saber nada de los extremos que estrangulan el presente. Se despidió del planeta, elegante como un faro que alumbra las montañas. Juró solemnemente jamás olvidar ese pensamiento agazapado tras sus párpados.

Carmen

Hay peces muertos en la celebración sobre el mar.  La bandera deshilachada los tapa y los deja ver,  los tapa. El mar se ha vestido de brillantes y velas. Tapan el recuerdo las bocinas dramáticas de los barcos.

Camino

Vamos todos derechos al olvido

Soltura (poema de Ramón Andrés)

Soltura   En no ser recordado estará mi recuerdo, en el sol que contrae la teja y en la avispa que aprovecha la casa donde vivió la alondra, en la niebla que falta para que el horizonte imante lejanías y curve sus laderas. La cereza robada, el rastro del hurón, los árboles que forman emblemas de un bestiario, el rebaño y el viento rodando como un huso para bajar la lana al frío de los pueblos, cabrán en cualquier mano.                                       No seré recordado. Bienhallado el olvido. Se juntará la estrella con el rincón del liquen, así crecieron frondas, en todo habrá cimiento, y yo tendré los rasgos de otra raza, la edad jamás dada a los hombres. Se perderán galaxias como yerba arrancada por el corzo nevado, y el trébol vivirá con la estela pisada, se astillará la lluvia, la cresta de los gallos cortará en su vaivén los haces de la aurora, el eco des...

La lucha por la memoria

A nuestra patria atávica pertenezco, y a ella le debo un fortín, un arco y muchas flechas. Uso puños, versos y costuras. Sé ser bufón además de guerrero, y ser todos además de yo. Contra mí también peleo y contra los que amo y contra los que apenas cruzan la pasarela al horror ni a lo excelso. Ahora es ya y no hay dolor ni balas sin memoria que hagan impermeable esta trinchera.

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By your side___Cocoroise Escuché a Borges decir que recordaba que una tarde su padre le había dicho algo muy triste sobre la memoria, le había dicho: "Pensé que podría recordar mi niñez cuando por primera vez llegué a Buenos Aires, pero ahora sé que no puedo, porque creo que si recuerdo algo, por ejemplo, si hoy recuerdo algo de esta mañana, obtengo una imagen de lo que vi esta mañana. Pero si esta noche recuerdo algo de esta mañana, lo que entonces recuerdo no es la primera imagen, sino la primera imagen de la memoria. Así que cada vez que recuerdo algo, no lo estoy recordando realmente, sino que estoy recordando la última vez que lo recordé, estoy recordando un último recuerdo. Así que en realidad no tengo en absoluto recuerdos ni imágenes sobre mi niñez, sobre mi juventud" Después de evocar estas palabras de su padre, Borges se calló durante unos segundos que me parecieron eternos, y luego añadió: " Intento no pensar en cosas pasadas porque si lo hago, sé que lo estoy...

El peso de la memoria

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Cómo decirlo. Es la acumulación de años. Entendedme, es la acumulación de los años. Llega un momento en la vida de las personas en que echan la vista atrás y ven una larga cola de años, de hechos, de sucesos. Metafóricamente sería una especie de sombrero o de gorro porque es algo que se lleva sobre los hombros, sobre la cabeza. Quiere decir esto que cada día que pasa el individuo está soportando esa larga cola encima de sus hombros, que no deja de alargarse con la vertiginosa cotidianeidad diaria. Sólo el olvido aligera el peso que soportamos. Bueno, el olvido y la serenidad, el saber estar. ¿Qué hay en ese gorro, en esa cola? Reúne todos los hechos positivos y negativos, los logros, las pifias, todas las pérdidas, los encuentros, los viajes, los tiempos muertos, los momentos memorables, la lluvia, el sol, todo. Reúnelo y tendrás un gran y pesado sombrero que soportar. Pero claro, a eso hay que sumarle el trágico peso de la historia: las guerras, las muertes, masacres, las injusticias,...