Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como mar

La mirada de Jovellanos

Imagen
  También me edifica el viento, la singularidad, el cielo, el ocaso paciente que demora la tarde. También fui yo la persona que corre allá en la orilla, la elipsis del ave, el mar encabalgado, el tiempo que devora la tarde. Fui cualquier playa en mayo. Cualquier mar, el triunfo de la épica, mirar al animal sinuoso que aplasta y barre la tierra. Que la dignifica. Fui yo mismo aquí. Ahora puedo recordar... Fui la mirada de Jovellanos desde su celda. Su mar, el mío y todas las cadenas. El aire ancho y violento. La mirada de un hombre que sostiene la tarde.

Ser antes

  Quien no lo sepa ya Lo aprenderá de prisa La vida no para No espera, no avisa Tantos planes, tantos planes Vueltos espuma Tú por ejemplo Tan a tiempo Y tan Inoportuna Inoportuna     Inoportuna. Jorge Drexler   Con cristales como escudos nos acercó la vida al mar y desde allí se inauguró un presente con más luz. Juntos fundamos (nosotros, antiguos conocidos) la inconfundible génesis de un recuerdo. En la mochila cerveza, formas oxidadas, un corazón recosido con el alambre del invierno, el extraño deambular en un presente desaborido y marchito. Juntamos las capas centímetro a centímetro, y en escena dispusimos, con atención, todos los elementos de nuestro empezar: tu almohada de arena, el calor de mi alfombra voladora, los baños, exquisitos y breves, el noble mar que aún respira, los finales de agosto, todos los reencuentros inesperados del mundo, nuestra serendipia. Y así, en la reciente luz, por la sonrisa que esgrimías como una espada, por la arena graciosa en tu ...

Testigos

Imagen
The girl - Laurent Perez del Mar El océano me llevó a tu isla, salvavidas, cautiverio, vientre. Subí a lo alto y vi mi propia perdición, el bucle de cielo y mar, arena y tiempo. Me salvaste, otra vez, y juntos yacimos noche tras noche bajo la única luz de la luna, el brillo mutuo de nuestros ojos. Sobrevivimos a las mareas y a los sueños. De mirar estrellas fecundamos la playa y el mar volvió a traer: fragilidad, fuerza, conocimiento. Ese mar, que repone lo que se lleva, finalmente nos llevó también a nosotros. Ignota, la costa espera a nuevos náufragos, en una playa sin luna, en una isla en espera de testigos.

Cada verano

Cada verano es una sorpresa en las noches quietas. La calma aplana, desde el mar a las montañas, y un ciego puede imaginar al detalle la tranquila penumbra  escuchando tan solo el mapa sonoro de ladridos. El invierno, sin embargo, es dramático y tempestuoso. Llena de confusión las cabezas, y hace retumbar la tierra en las cuevas que bostezan bajo los acantilados. (Por si no lo sabeis: aquí solo tenemos dos estaciones) En invierno, el mar golpea, inclemente, a nuestra puerta. Los días apenas consiguen lograrse, anegados bajo el temperamento del clima y el gris plomizo del cielo. Pero en verano los gatos pasean en sagrado sigilo sobre las cercas -Siempre de noche. Estoy hablando de la noche- El mar, el mismo que ensombrece los inviernos, duerme como un animal rendido, harto de enbestir inútilmente contra la roca. Sobre los campos y los maizales las estrellas posan con delicadeza sus salutaciones. Siguen ladrando los perros allá a lo lejos, lo suf...

Descenso

Imagen
Atardece sobre los campanarios, en una ciudad amarilla o en un café bajo la lluvia (no importa) Mucho antes , el trascurrir del tiempo en la ribera del rio se volvió una fotografía inmóvil que muestra a una familia entre los juncos, como una tribu. Por el día están atentos a las mareas y al lenguaje, que da comienzo. Por la noche se quedan ensimismados en la sombra azul de la luna y en el mar antiguo que lanza las olas con desgana hasta la orilla. Es la memoria, que no sabe -como un liquen en la roca o un libro viejo olvidado en las estanterías del desván- Es la memoria, que no sabe. Se desliga del hombre y continua avanzando, a tientas, hacia su final.

Cerca de otros mares

Imagen
Un giro improvisado, y los puntos emocionales se asientan en otras coordenadas, en otras geometrías. Basta muy poco para recordar que hemos estado en tantos lugares antes, cerca de otros mares,  junto a otros fuegos.

Ventana de verano

Calma. Bach compite con la orquesta de pájaros tras la ventana. Los campos se acompasan a la lluvia frágil que no arrecia ni cesa, allí afuera, tras la ventana.   Mientras tanto, el cielo se cubre las espaldas y la mañana se enrolla sobre sí misma  como un nido concéntrico o un cuerpo que tarda en despertar. Los minutos de un poema, blancos y grises, se demoran en su aventura, penetrando en la nada. Y al final, el aroma del mar, sencillo, genético, inmutable, porta una sola noticia, llega a mí como un epílogo, cierra de una vez        todos mis ciclos.

Más

El peso de tu ausencia violenta estos segundos ganados a pulso frente a un mar con ínfulas de septiembre. He cosido las aguas con la música muy cerca de mis oídos. Te toca a ti ahora balancearte por la memoria hasta mí y demostrar que nos une más que un puente de palabras y recuerdos  Mucho más: un nexo de amor sutil   y verdadero

Primavera, río

Ya conviven los colores en la curva del río. Hace frío, la mañana es implacable con los débiles. El cauce arrastra un bloque denso de niebla, una traída de montañas. A la vuelta del muro, el mar parece un corzo herido, un quejido, algo quieto que estalla.

Foxos

Aunque n ací en Foxos e n el exilio olvidé sus vericuetos. Hoy, el oleaje quiere desmontar las ensenadas. El mar intenta penetrar furiosamente en la roca pero solo consigue volver atrás,  humillado en batido de burbujas y salitre. La mañana es benévola: perdona el frío , los miedos... Los acantilados aguantan impasibles las tarascadas del ti empo en sus costillas .  Y a mí, que escribo en cladestinidad, también me moldea su insistencia, también me transforma. Y es que he vuelto a casa, a describir   como un topógrafo mis s ent imientos, a recorrer de n uevo los caminos , a comparar las lluvias del invierno.  

Duelo

Imagen
Como en la vida la geometría en la playa no existe. Se es un naúfrago ya en la orilla, como un peatón apasionado de las arenas, casi un animal cretácico que entra vacilante a nadar en las aguas de un mar sin centro. Me he perdido allí muchas veces -contigo, contigo, conmigo- Al salir siempre he acabado encontrándome, ajustado, ganador de un duelo,  listo para ser otra vez libre desde el principio.

Carmen

Hay peces muertos en la celebración sobre el mar.  La bandera deshilachada los tapa y los deja ver,  los tapa. El mar se ha vestido de brillantes y velas. Tapan el recuerdo las bocinas dramáticas de los barcos.

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos l...

Cielo

Imagen
Tú, cielo de Cohen etéreo, dónde están tus nimbos, a dónde vas allende en bloque, llevando tus aguas sin siquiera una mirada perentoria a las brasas del fuego que abandonas. Cielo de Waits, cielo de Miles Davis, cuándo sonarán otra vez tus trompetas en mi pecho, cuándo volverás a esta punta de mar afilada a legitimar para siempre las tormentas. Cielo de Cave, cielo de George Winston, a dónde llevas tu solar deshabitado de cigüeñas, la nación de solo aire, la diáspora ovillada de tus nubes. Dime, dónde estarán tus nimbos, dónde tu barriga de agua y viento, dónde posas el abrazo de horizontes de la tierra hecha a tu medida.

Habitas

Por la costura de una luz también transitas tú, férrea, que te afincas en mí, y te agarras a las metáforas con los dientes. Habitas en más de un poema con los versos mojando tus tobillos. Roncas en las tempestades sine loco y ríes en la tierra negra, en un mar que saluda negando a Europa y a casi todo. Ubicua y otra te haces paciente y fértil en estas galeradas, prosperas en la transversal de literaturas y espejismos. Sobrevives y das vida. Eres esa suerte que reactiva el resto de los misterios.  

Espuma

Casi sin buscar coronamos juntos un vuelo de espuma que era más. Un lazo una esperanza un camino

Agosto

Agosto es un hervidero en las provincias Los días de mercado las carnicerías están colapsadas Los coches remarcan las serpientes de las carreteras en hilera y en los arcenes hay ejércitos de peregrinos torpes cosiendo eses en bicicleta sobre el trémulo y los cambios de rasante. A mediodía el viento sacude los maizales y los cables de la luz se burlan de la acera sobre los columpios. Los niños juegan a mentir como adultos dentro de las casas, castigados de aburrimiento, como si se hubieran cansado de reivindicar un tiempo que no les tocó vivir. Abajo, al final, el mar se presenta como un refresco o un beso de hielo, una promesa celeste que se mira en otras promesas, blancas y grises, de espuma. Aquí, al principio, sonrío al imaginar lo invariable de las rocas en la playa, las venas cavernosas del suelo desgastándose imperceptiblemente en el agua salada.

Frío

El frío se apretuja en la vegetación filamentosa de la charca. Caminamos sobre la tierra y alrededor -la vegetación, las piedrecillas, el mar y hasta el mismo cielo- todo parece el conjunto a representarse en una postal glaciar. La charca quisiera ser líquido pero en verdad es un mármol de hielo incrustado en la cuneta, un estructura de recepción de lluvias, de savia verde que lo inunda todo y que a nuestros ojos es simplemente un gris que duele implacable en la mirada. Si es que hay vida, su calor es tan tenue que no despierta otro sentimiento que no sea el de la asepsia. Si algo transmite es la desolación de un desierto de granizo, la levedad eterna del frío que blanquea el aliento y el cielo, el susto en la respiración, la inmovilidad que se dibuja en las hierbas atrapadas en un ámbar helado.

Guarda ríos

Allá los árboles y aquí mismo el agua y la hojarasca se encargan de manifestar un otoño negligente que por fin se asoma casi en los idus de octubre. Una marcha fúnebre de hojas secas baja con la corriente como si la materia inerte también necesitase del mar para dignificar su final. Yo me dedico a ser testigo silencioso de estos acontecimientos. Vigilo las lanchas que ahora se bambolean con el estremecimiento del viento. Registro la subida y la bajada de la marea. Hago un escrutino periódico del cielo. En cierta manera soy el guarda ríos de este estuario calmado y frío. Pronto habrá menos luz y ya no estaré aquí para salvaguardar la tarde. Ya está desapacible: voy a abandonar el río a su suerte. Sigo mi camino hacia al mar

Abrazo en prosa para Pardiez (http://markingwords.blogspot.com/)

Imagen
¿Sabes? esto te hubiera gustado. La atmósfera es fría y limpia, como la de esos inviernos de inocencia adolescente (por llamarlos de alguna manera) que tanto te gustan. Al cielo metálico se le aplica el soniquete de un riachuelo fluyendo con descaro sobre el camino de tierra. Las olas son alientos sucesivos y el mar, si me permites seguir con el juego de metáforas, un animal loco por respirar cada bocanada de arena y agua. Hay una luna alta, con forma de arco robusto apuntando al horizonte. Me queda la luz justa para escribirte las últimas palabras y desear que te encuentres bien allá donde estés. Un saludo de calor desde la playa ya oscura, el paraíso verde y frío de donde procedes. Tin