Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como poema en prosa

Es la fortaleza

Imagen
Estoy vivo y he sorprendido las estrellas en el alba Creación. Cesare Pavese   Porque el amor no es enamorarse. Es, una y otra vez, construir el mismo patio donde escuchar el canto de los mirlos, cuando aún es de noche, en primavera Trabajos de amor. Joan Margarit   Bebo un té, en mitad del invierno -un té muy caliente, como el pecho del petirrojo en la nieve, como el corazón dentro del pecho del petirrojo en la nieve- La cortina de vapor me lleva a otro té, lejano , en el sur, cuando aun estudiaba (las primeras temporadas de la serie. El pasado, desde aquí siempre ingenuo e, invariablemente, siempre más feliz). Agua caliente con hierbas que ingiero, subiéndola hasta la boca, y que baja por la garganta hasta el estómago y allí me serena. Y escribo. Al parecer, nieva. Se suceden los episodios de esta temporada. El mar derriba furiosamente un faro. Una ballena rorcual se arrastra hasta la fría orilla de la playa y allí, sencillamente, muere. Es la misma playa en la que noso...

Costa de Akyarlar Bodrum, Turquía, 02/09/2015. 6 am.

Me acuerdo de los que son como él. Todas las noches. Después de apagar la luz. Especialmente en invierno. Es mi momento de debilidad. El resto del día ando perdido en una selva de clics y despueses. Entre el pasado y el futuro. Pero la noche es diferente, te encierra junto a tu mente en una jalea de infamias. Ayer M lo vió de refilón en la tele, mientras jugábamos al Scrabble en casa de mi hermana. Era una imagen de archivo, la que se quedará grabada durante mucho tiempo en la verguenza de este continente. M lo vio y se giró hacia nosotros, los mayores, como exigiendo explicaciones. "¿Y ese niño?". La pregunta sonó en su boca como un trueno. Sin dudar, me apresuré a dar una respuesta adulta, respetuosa con su edad pero veraz, apoyada en una leve caricia de su pelo. Entonces se dibujó la incredulidad en su rostro e hice propio el silencio de Europa, su irresistible verguenza. Fue como la breve reflexión cuando devolvemos la oscuridad a la noche antes de dormir. Dura s...

Tu ofrenda fue un reloj

Imagen
  La memoria es tramposa y yo no recuerdo bien si aquel día quisiste dejarme tu reloj de pulsera o el cargador del móvil. En cualquier caso era algo práctico. Pero aquel detalle, sin especial importancia, se instaló para siempre a la cabeza de mis recuerdos. Octubre iba oscureciendo los días con nubes y frío, las noches ya estaban para ponerse el abrigo y aquel Pilar nosotros íbamos cogiendo el tono, temprano, tranquilamente sentados en el bar de la Plaza. Unas cuantas botellas vacías de Mahou sobre la mesa. Recuerdo que una vez te vi en esa misma plaza, por motivos aciagos. Era antes pero después , ya no íbamos al colegio. Tu voz sonaba precipitadamente grave, de adolescente impaciente. Habías crecido por dentro, como un libro por el que pasan los años, pero tu pelo aún era rubio, tu complexión fuerte, fuerte también tu risa y las facciones de tu cara. Me impresionó tu adolescencia casi arrogante, porque la mía, ni en la voz ni en el bigote, no daba muestras aún de llegar...

Playa de invierno

Imagen
Playa de invierno. Existe. Todos los años la olvido y la recuerdo como un sueño recurrente. Hoy pienso en ella. Cada paso falso de agosto es una gris mirada a las rocas, seis meses más tarde. La tarde corta y el sol apocado cayendo por un agujero que ni siquiera el viento nordés consigue esconder. Una promesa de primavera -que nada tiene que ver con el peregrinaje en estos días planos- salta en la adolescencia de cada año y la escarcha se desdibuja allá en la piedra imán y en el perfil sereno de los puentes. Llueve entonces, creedme. Y el estuario se atreve a mostrarse, poco a poco, como un caracol que se ha escondido, retraido, tras haberle molestado tocándole los cuernos. Nada funciona igual en un paisaje que sólo se ve con ojos de estío, festivos y vanidosos, con ojos grotescos como ombligos salientes, ojos que no están saciados de no ver nada sino que además quieren tocar aquello que han inventado hace dos días y que no es la realidad. En cada esquina, sacralizada por...

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos l...

Lluvia, domingo

Y allí estábamos con la ventana abierta y las sábanas a flor de piel. Recordábamos canciones de lluvia mientras olíamos lluvia y veíamos agua de lluvia a través de las cortinas grises. Días atrás, en la ducha, frotaba los dedos mojados y un montón de ranas asomaban por la mampara haciéndote sonreir. También hubo lluvia entonces. La lluvia alegre que resbaló por tu cuerpo para llegar irremediablemente al cielo. La lluvia que nos recoge con su olor y su memoria de relámpago y nos hace ser más humanos.

Frío

El frío se apretuja en la vegetación filamentosa de la charca. Caminamos sobre la tierra y alrededor -la vegetación, las piedrecillas, el mar y hasta el mismo cielo- todo parece el conjunto a representarse en una postal glaciar. La charca quisiera ser líquido pero en verdad es un mármol de hielo incrustado en la cuneta, un estructura de recepción de lluvias, de savia verde que lo inunda todo y que a nuestros ojos es simplemente un gris que duele implacable en la mirada. Si es que hay vida, su calor es tan tenue que no despierta otro sentimiento que no sea el de la asepsia. Si algo transmite es la desolación de un desierto de granizo, la levedad eterna del frío que blanquea el aliento y el cielo, el susto en la respiración, la inmovilidad que se dibuja en las hierbas atrapadas en un ámbar helado.

Guarda ríos

Allá los árboles y aquí mismo el agua y la hojarasca se encargan de manifestar un otoño negligente que por fin se asoma casi en los idus de octubre. Una marcha fúnebre de hojas secas baja con la corriente como si la materia inerte también necesitase del mar para dignificar su final. Yo me dedico a ser testigo silencioso de estos acontecimientos. Vigilo las lanchas que ahora se bambolean con el estremecimiento del viento. Registro la subida y la bajada de la marea. Hago un escrutino periódico del cielo. En cierta manera soy el guarda ríos de este estuario calmado y frío. Pronto habrá menos luz y ya no estaré aquí para salvaguardar la tarde. Ya está desapacible: voy a abandonar el río a su suerte. Sigo mi camino hacia al mar

Abrazo en prosa para Pardiez (http://markingwords.blogspot.com/)

Imagen
¿Sabes? esto te hubiera gustado. La atmósfera es fría y limpia, como la de esos inviernos de inocencia adolescente (por llamarlos de alguna manera) que tanto te gustan. Al cielo metálico se le aplica el soniquete de un riachuelo fluyendo con descaro sobre el camino de tierra. Las olas son alientos sucesivos y el mar, si me permites seguir con el juego de metáforas, un animal loco por respirar cada bocanada de arena y agua. Hay una luna alta, con forma de arco robusto apuntando al horizonte. Me queda la luz justa para escribirte las últimas palabras y desear que te encuentres bien allá donde estés. Un saludo de calor desde la playa ya oscura, el paraíso verde y frío de donde procedes. Tin

Semificción poética del 26 de marzo de 2006

Imagen
No hay rastro de astros en este cielo que huele a violeta junto al mar. Una luz granulada asoma tras las montañas, y al murmullo semidormido de la marea le acompaña un estribillo en bucle de jilgueros invisibles. Por un momento deseo que el mundo se termine esta noche, que, de acabar, la película finalice con la madrugada jactándose de toda la belleza acumulada y la eternidad se perpetúe como una postal antigua inalterada por el tiempo. Pasa ese momento, y lo transitorio vence a lo eterno. Las nubes, negras y azules, desarreboladas , escinden el cielo inmaculado que hasta entonces sostenían con habilidad entre bambalinas. Ahora llueven, quietas, moteadas, las estrellas en el arco metálico del alba. También el cielo inverso, reflejado en un espejo de olas y de sal, se divide en dos cuando una franja solar emerge de la vulva del mar y la mañana justifica la postal eterna que ya nunca será.

800 km al norte

Voy en la soledad clásica del asiento de atrás de un taxi. Me emociono al descubrir la Ursa Major emergiendo tímidamente tras el mar. Un reencuentro en toda regla pienso. Poco a poco, la acumulación de luces en la autovía provoca la aparición de unas gafas montadas sobre una nariz y la pantalla de un móvil viajando como un ectoplasma al otro lado de la ventanilla. Ver el puzzle de las constelaciones es volver a casa en diciembre , cruzar el puente que vigila la ría de Navia , contactar otra vez con todos esos mitos arruinados por el tiempo y la distancia , binomio que maneja los hilos de la existencia

Road trip (II)

No hay nada más allá Los últimos depósitos yacen olvidados entre los hierbajos del camino La más viva representación del desastre y la decadencia Depósitos sin utilidad, mucho antes del aeropuerto desvencijado en mitad de la nada El atardecer castiga, imprime un baño de naranja sobre el coche destartalado Los postes de luz, sin línea, trazan una paralela interminable predefinida por el caracter terco e infinto de la carretera. Nos detenemos para estudiar obstáculos y llorar, respiramos desolación en el paisaje apocalíptico, turbador Inmisericorde Audio: Orion´s belt___Madee

Hermano

George Winston___Too much between us La madera de los muebles es caprichosa esta noche. Mientras oigo sus quejumbrosos chasquidos tu respiración apacible y cansada me inspira una marea espesa que bate el mar del sueño con actitud paciente y lenta. Pienso en las literas, en las peleas, en nuestra infancia compartiendo tantas cosas que hace tiempo sustituimos por otras tan inútiles e inservibles cuando de lo que se trata es de sobrevivir como hermanos. Te oigo respirar y pienso que tu bondad sólo es comparable a una tristeza que ya no sé si atribuirte, que yo, hoy huésped y testigo de tus ronquidos, vivo de esa materia hecha de tristeza y sueño deseando que la vida no nos separe nunca y que el paso del tiempo, marcado hoy por estos muebles, sea el mismo para ambos, al menos tanto como sea posible.

Anochece

Los nubarrones parecen costillas. La noche cae como un telón de obsidiana de terciopelo y se arruga suavemente en los campos y en las antenas que se dibujan con valentía en el horizonte metálico. Aparecen las primeras estrellas seleccionadas por una especie de capricho eólico. Sus guiños parecen agónicos códigos que piden auxilio allá muy lejos. Ya sólo se oye el vals de los árboles y la insistencia rítmica de los grillos. Cae el telón de la noche, puntual e inevitable. Huele así. Es la hora exacta de sentir.

Volver

Volver otra vez pero de otra forma. Venir con la certidumbre de no ir nunca más. Llorar y acortar así las distancias, detenerse en el camino, buscar las playas para encontrarme y encontrarte a ti, en las olas sucesivas que definen el tiempo, en el contraste, en la quietud, en la división aterciopelada del horizonte. En definitiva echarte de menos. Casi físicamente. Como sudar o como una herida. Así volví.

Fin de algo (Puerto de montaña)

Y por fin, un ultimatum de la vida y el cuerpo: la necesidad vital de renovar toda una estructura anticuada que se mantiene trémula y dudosa como una figura que se va deformando en las efímeras nubes. Otro fin de ciclo, un poco más de masa corporal y una infinidad de caos al peso que gesticula y corrompe vilmente los días, todos, con azares caprichosos y cefaleas de libro de texto. Ni el consuelo de los espejos en los libros ni las formas estimulantes de la traidora música consiguen elevar esta carga forjada en años y años de estatismo en cama de uno noventa, MacBook blanco (con todo su universo de varicela y picores) y una más que cuestionable personalidad labrada en las transacciones que a veces, a golpe de finiquito, se dan en estos finales cíclicos y sosegantes. Llegó el calor y con él las lágrimas de fuego resbalando pesadamente hacia las comisuras, los tibios dolores de muelas y de corazón, las sofocantes madrugadas de triste deshielo. El olvido, sudoroso y exhausto, coronando la...

Prosa mañanera y tontorrona

Las rendijas de luz se cuelan en la penumbra, avanzan a velocidad de amanecer hasta que siento el calor del astro naciendo en los párpados. Y me despierto, y me quedo extrañamente suspendido en el recuerdo y hasta el recuerdo mismo me parece ajeno. El tiempo, el viento, las playas donde flotaba tu pelo. Supongo que éramos extraños entretenidos en el dolor y en el mar, que no hicimos caso de las señales que dibujamos con inocencia en la repetición de los días y las noches. Ahora sólo tenemos la erosión del tiempo, las partículas que se difuminan y que apenas llegamos a vislumbrar desde el compartimento estanco de nuestras vidas.

Arrebato

Imagen
¿Sabes ese momento en el que vas andando con rumbo o sin él ensimismado en una canción que entra en ti por los oídos y sale de ti por la respiración adaptando todas las sensaciones a la visión del atardecer y recapitulando algo yo qué sé será la vida en un solo y preciso instante que hace que te desmarques brevísimamente de tu conciencia y acudas desnudo y libre a la violación brutal del presente? ¿Sabes?