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Gema y el cielo

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 Ventura - Santero y los muchachos   Gema, pienso en ti. Pienso en ti mientras miro arriba, hacia el sur, a un cielo de septiembre extrañamente tibio, un bálsamo de astros para mis párpados cansados.   Toco la madera gastada del banco y pienso en los años lustrados, en el amor que se pierde para siempre cuando se retiene. Cuando no se da y se desperdicia.   Ahora, ya en Tapia, el banco es de piedra y es áspero y el mismo cielo de hace unos instantes ya parece otro. El cielo que no me pertenece, el cielo que no reconozco, el que apenas me conmueve. Y ese es nuestro muro, Gema. -Eso creo- Un cielo que mi mirada altera. El firmamento emocional. La escalera rota que sube al cielo de mi infancia. 

Hálito de Sundfør

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Como el cometa de aquel verano del noventa y cuatro llegas a esta vida de segunda generación, a este extraño invierno canicular. En alguna parte ya hemos oído el sueño ligerísimo de tu voz, esa promesa que camina hacia atrás... Tus manos pintan salmos sobre un lienzo cenizo donde ya no queda nada, en un mundo que se sostiene a duras penas, como una bolsa de plástico a merced del viento. Mientras saltan las estrellas en tu pentagrama ahí fuera otras cuatro notas dan sentido a la inmensa noche enmascarada. Cuatro referencias (Polar, Sirius, Aldebarán, Vega) Cuatro puntos cardinales entre nuestro archipiélago y el misterio

Cielo

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Tú, cielo de Cohen etéreo, dónde están tus nimbos, a dónde vas allende en bloque, llevando tus aguas sin siquiera una mirada perentoria a las brasas del fuego que abandonas. Cielo de Waits, cielo de Miles Davis, cuándo sonarán otra vez tus trompetas en mi pecho, cuándo volverás a esta punta de mar afilada a legitimar para siempre las tormentas. Cielo de Cave, cielo de George Winston, a dónde llevas tu solar deshabitado de cigüeñas, la nación de solo aire, la diáspora ovillada de tus nubes. Dime, dónde estarán tus nimbos, dónde tu barriga de agua y viento, dónde posas el abrazo de horizontes de la tierra hecha a tu medida.

Guarda ríos

Allá los árboles y aquí mismo el agua y la hojarasca se encargan de manifestar un otoño negligente que por fin se asoma casi en los idus de octubre. Una marcha fúnebre de hojas secas baja con la corriente como si la materia inerte también necesitase del mar para dignificar su final. Yo me dedico a ser testigo silencioso de estos acontecimientos. Vigilo las lanchas que ahora se bambolean con el estremecimiento del viento. Registro la subida y la bajada de la marea. Hago un escrutino periódico del cielo. En cierta manera soy el guarda ríos de este estuario calmado y frío. Pronto habrá menos luz y ya no estaré aquí para salvaguardar la tarde. Ya está desapacible: voy a abandonar el río a su suerte. Sigo mi camino hacia al mar

Semificción poética del 26 de marzo de 2006

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No hay rastro de astros en este cielo que huele a violeta junto al mar. Una luz granulada asoma tras las montañas, y al murmullo semidormido de la marea le acompaña un estribillo en bucle de jilgueros invisibles. Por un momento deseo que el mundo se termine esta noche, que, de acabar, la película finalice con la madrugada jactándose de toda la belleza acumulada y la eternidad se perpetúe como una postal antigua inalterada por el tiempo. Pasa ese momento, y lo transitorio vence a lo eterno. Las nubes, negras y azules, desarreboladas , escinden el cielo inmaculado que hasta entonces sostenían con habilidad entre bambalinas. Ahora llueven, quietas, moteadas, las estrellas en el arco metálico del alba. También el cielo inverso, reflejado en un espejo de olas y de sal, se divide en dos cuando una franja solar emerge de la vulva del mar y la mañana justifica la postal eterna que ya nunca será.

Anticiclón

Pasan veloces los días y hace mucho ya que en este cielo sólo hay claros que manifiestan rotundamente otro silencio contenido. Llegará el día en que tu palabra sea de nuevo el olvido que determina mi decepción, las ayunas que sacuden mi rutina, la furia que parece poner punto final a una historia circular, a un cielo revelador que nos envía mensajes esporádicos, nubes solitarias garantes de una continuidad diáfana, azul, la ausencia perturbadora de tormentas.

Este arco de cielo

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Parece un milagro este arco de cielo. Nubes, viento, cosmética que traen el mar y los campos. Mañana es lunes y seguramente seré otra persona, con el mismo aspecto y estos mismos dolores matizados por otra convención social. Mis versos quieren ser pequeños actos de rebelión, sus palabras se quedan torpes y mal escritas en esta cuadrícula pero las ideas se pierden rumbo sur impulsadas por el inevitable rumor. El tiempo que viene y va, ese tesoro inalcanzable que lo (de)termina todo

Veo las nubes sobre los cerros

Miro por la ventana Veo las nubes sobre los cerros Observo cómo se desplazan hacia la izquierda en el cielo Cómo relamen las antenas de los tejados El ir sin rumbo por la autopista azul, blanca Gris Existen sin prisa, llenas de agua y de luz Su viaje es el tiempo de quien las mira Y su significado es la luminosa melancolía Que me nace y me empaña Al recordar estas mismas nubes Las que también cruzaban Lenta, majestuosamente El cielo inmenso de mi infancia sepultada