Dicen que nosotros plantamos los árboles. Que una vez nos juntaron a todos en un dia gris y lluvioso y allí sembramos las semillas con inocencia y aleatoriedad. Lo dicen abriendo los ojos con una vehemencia calculada y desternillante. Pero nosotros escuchamos como desmemoriados, como de otro mundo (claro, en la infancia...) Y ellos que sí, que ahora ya da igual pero que sí, pero que no tuvo trascendencia, casi como a regañadientes, como con envidia o un poso de rencor. Hoy es un lugar en toda su definición, con bancos y árboles y lagunas y caminitos, como un parque espeso y florido, una reserva verde para nostálgicos y adolescentes ejerciendo. La hierba está alta y salvaje, y los árboles, hijos nuestros y de la tierra, yacen orgullosos, todavía jóvenes, tostándose al sol crepuscular de estas tardes largas de verano. Pero ya desde el camino de piedras se adivina la vida: los trinos de los pájaros en los árboles, los preservativos y los kleenex desperdigados en el solar. Debajo del banc...