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Ocasiones

Un baño en río limpio Un mensaje en las nubes Un despertar en abril

Recogida de moras (Seamus Heaney)

A finales de agosto, después de mucha lluvia y mucho sol, durante toda una semana, las moras maduraban. Al principio sólo una, un cuajarón brillante y púrpura entre las demás, rojas, verdes, duras como un nudo. Te comías aquélla y su carne era dulce como vino espesado: sangre de verano había en ella dejando manchas en la lengua y ansia para seguir comiendo. Después las rojas se oscurecían y aquel deseo nos enviaba con frascos de leche, botes de guisantes y tarros de    mermelada adonde las zarzas arañaban y la hierba húmeda decoloraba nuestras botas. Alrededor de los campos de heno, de mieses y bancales de patatas caminábamos y recogíamos hasta llenar los recipientes, hasta que, cubierto el fondo con las verdes, los botones oscuros ardían en lo alto como una fuente de ojos. Nos escocían las manos por las picaduras de las zarzas, teníamos las palmas pegajosas como    las de Barba Azul. Almacenábamos las bayas frescas...

Mayo

El toro tras el manzano resultó ser sólo un cuerno dorado, muy fino, tirando con saña de la curva del mar fugitiva. Yo ya he muerto si los grillos callan, si las estrellas se bloquean de repente en un uno o un cero, si se extingue en nada el aroma vivo, tan superfluo, contemporizador de mayos y silencio. Los árboles en fotograma son también pasado y futuro, memoria, nunca ya, jamás delegaciones espurias de la muerte y del caos. Las casas guiñan amarilla luz en las ventanas y pasa el tren a lo lejos, entre bosques de castaños y recuerdo. Y después, al final, se esconde tras los tejados del oeste un Venus regado de silencio , y el viento pasa como un minutero que huye de ayer y los párpados se quedan adormecidos, como pequeños gorriones en mitad de la oscuridad y el olvido.

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos l...

Soltura (poema de Ramón Andrés)

Soltura   En no ser recordado estará mi recuerdo, en el sol que contrae la teja y en la avispa que aprovecha la casa donde vivió la alondra, en la niebla que falta para que el horizonte imante lejanías y curve sus laderas. La cereza robada, el rastro del hurón, los árboles que forman emblemas de un bestiario, el rebaño y el viento rodando como un huso para bajar la lana al frío de los pueblos, cabrán en cualquier mano.                                       No seré recordado. Bienhallado el olvido. Se juntará la estrella con el rincón del liquen, así crecieron frondas, en todo habrá cimiento, y yo tendré los rasgos de otra raza, la edad jamás dada a los hombres. Se perderán galaxias como yerba arrancada por el corzo nevado, y el trébol vivirá con la estela pisada, se astillará la lluvia, la cresta de los gallos cortará en su vaivén los haces de la aurora, el eco des...