Guardián
Hoy es la tercera noche como guardián. No sé si aguantaré mucho más, es agotadora esta actividad. El catalizador y el proceso se basan en la lámpara de la mesita de noche. Algo sucede a tal hora, en un sueño tal vez. Me incorporo y ciego de sueño pulso el interruptor de la lámpara azul. Entonces alguien me pone una pistola en la sien y me dice: "Anda, a entretener a los niños". Suspiro sumiso cansado, como en cada episodio sonámbulo, me entrego a la labor de diseñar sonrisas, a dibujar caballitos y estrellas de mar en la pared, a recorrer con las manos el gotelé simulando un hombrecillo con los dedos índice y corazón, a asustarlos con la repentina luz que salta ¡tic! y atenua la oscuridad de la habitación. La primera noche me sorprendí cantando una canción infantil, por supuesto inventada sobre la marcha. No sé de donde sale esa extraña creatividad maternal. No sé dónde acabará esto. Es agotador. Armo estruendo, abro y cierro constantemente los cajones, busco juguetes, libros...