Hace mil años, cuando llegué a esta ciudad, me sentí abrumado por la inexistencia. Si no existe, nada existe. Y realmente no existía. Vi que la orografía determinaba mis ánimos. Sentí que podía tocar el horizonte árido y serpentino con la punta de los dedos, alcanzar los cerros ralos y borrarlos de una bofetada que devolviera su porción de azul marino al cielo azul celeste. La ciudad era, y es, un recinto absurdo y desolador, un circuito de risa que en media hora podría recorrer si aceptase hacerlo tragándome la pesadumbre de visualizar un travelling de lo baldío. No es sano correr con los ojos cerrados. Hoy ya casi da igual. El mar no está, no lo percibo en los pulmones. Ni en la distancia siquiera. Pero todo tiene arreglo en estos tiempos. No hay mar, no, un capricho de Pangea cuando se desperezó hace algunas eras. No siento nada, ni las vibraciones de su oleaje, ni su espuma, ni sus atardeceres, pero tengo la suerte de tener el tráfico siempre que lo necesito. Un sucedáneo fácil. ...
Comentarios
Gracias.
Que ganas de un café con vos, Oh.
Besin del norte ( no tan norte, dirás, jeje)
que me gustaria saber exactamente que es lo que estas contando.
te agarro asi, del brazo. ya tu sabes.
Opositor
me gusta ver que según que cosas no han cambiado.
;)
SIgue escribiendo, y gracias x CocoRosie, me parece increible =)
yo también te encontré, hace ya unas semanas, pero ya sabes que soy un poco tímida para esto... así que te estaba espiando sin decir nada ;-)
sabes? me encantan la dulzura y el mal humor y las personas que tienen de los 2
gracias por pasarte y saludar!
un gusto volver a saber ti!
un beso
Pd. tengo una curiosidad, volviste al bohemia?