Entradas

La poesía no engorda

Qué vago y qué trampa es un poema, qué caprichoso, qué falso, qué fácil, qué absurdo, qué efímero, qué complicado... Esta anarquía comunista (tan distópica) no sabe disimular su última capa de mentira, la punta visible de sus axiomas primigenios: la poesía es la mitad de un par de alas para volar sin rumbo, un revolver perentorio tanteando el paladar. La poesía no engorda, engordas tú.

La fiesta (Laura Wittner)

La fiesta Levantaron la compuerta del baúl y salimos arando hacia el fondo del cielo. Carreras, equilibrios y verticales-puente en ámbitos que se levantaban y caían a nuestro paso, según nuestra voluntad: galerías con arcos y columnas, infinitos gimnasios con pisos de madera, tinglados ásperos con reverberaciones, y así... Figuras finas y flexibles, fuimos, en esa tela inmensa donde el mayor esfuerzo del pintor había estado en la luz: llegar al tipo exacto de luz con el óleo y de paso atrapar la blandura del aire; el punto exacto, en óleo, de esa consistencia. A los grandes los volvimos a ver dos o tres veces a lo largo del día. Por el momento no eran más que una idea o varios pares de sombras demarcantes: esto es centro, esto es suburbio y lo del medio es no-terreno, sin saber que tragábamos aire casi ilegalmente de y en cada una de esas franjas siempre a punto de pasar a ser otros. Todo cambió cuando corrieron el toldo con la noche. Sin la velocidad de los espacios abiertos nos sub...

La autopista del Norte

Fuimos un renault en un atasco. Esta vez sin sur ni promesas ni ciudades. Apenas autopista y lluvia. Noche. Solo tú, también, a veces, alumbrando los papeles como un astronauta erudito. El piloto miope que trajina en las palancas dibuja en su mente las esquinas de otro habitat, otra saturación, otras luces, otras páginas. En ciclos y muy rápido: la tregua sorda de un parabrisas censor que borra todas las gotas y todos los sueños sobre el cristal con un par de lenguetazos letales. Los posibles cuerpos abandonados en el arcén hacen biodegradable este paseo. También se han perdido decenas de poemas a los que les ha sobrado un verdugo y les ha faltado el tiempo adecuado para echar unas raíces y germinar como dios manda.

Porque sueño

Imagen
  Fuente foto No heredé tronos ni álgebra. No usurpé, no maté, no quise un cuerpo hecho de gloria hecha de exceso hecho de sobras. Sí busqué nubes en suelos abiertos, honor en trazos en los libros, memoria en las callejuelas, deambuleo por la vida de mis ropas. Al final hay un río que empieza y desbarranca los temores bajo el sol, pervive la alegría en los reversos y la monotonía huye de una nada que patina sacrificando tantos besos, tantas estrellas adictas a lo oscuro. Porque sueño, yo no lo estoy... Porque sueño. Porque los instantes siempre son sufijos y la vida es una vanguardia de punta redonda y el verso un silencio disfrazado de sonido, un recuerdo ya, un adiós que saluda, un dios en coma sin voz ni potestad para sancionar la cobardía.

Habitas

Por la costura de una luz también transitas tú, férrea, que te afincas en mí, y te agarras a las metáforas con los dientes. Habitas en más de un poema con los versos mojando tus tobillos. Roncas en las tempestades sine loco y ríes en la tierra negra, en un mar que saluda negando a Europa y a casi todo. Ubicua y otra te haces paciente y fértil en estas galeradas, prosperas en la transversal de literaturas y espejismos. Sobrevives y das vida. Eres esa suerte que reactiva el resto de los misterios.  

Balance de Manes

a) Hurtadora de metáforas, asedia tópicos o subterfugios, aspira a criptas inaccesibles y vacuas, de imposturas y presupuestos, de cálculo, somera, frívola, llena de nadas y de palabras violadas, de falsos dioses repleta, envenenada de mitos espurios y de fuegos de artificio. b) Poesía que sorprende porque brota, poesía que llega porque crece y se estira con autonomía. Poesía conectada al poema y no al poeta, poesía de la honestidad de la verdad de la tierra de las vísceras del dolor y el amor y la distopía. Pensada para ser pensada, robada para darse, plataforma, instrumento, arma, antorcha. 

La lucha por la memoria

A nuestra patria atávica pertenezco, y a ella le debo un fortín, un arco y muchas flechas. Uso puños, versos y costuras. Sé ser bufón además de guerrero, y ser todos además de yo. Contra mí también peleo y contra los que amo y contra los que apenas cruzan la pasarela al horror ni a lo excelso. Ahora es ya y no hay dolor ni balas sin memoria que hagan impermeable esta trinchera.