Cómo entender la pregunta de la realidad, aquí, dentro de esta escafandra oscura. Me han adelantado los años, lo sé. En el mar, las olas rompen a desmano, donde ya no puedo llegar. Alguna vez coroné ese pico, pero no era yo... Confiaba en salvarme, el camino parecía largo y lleno de promesas. Hoy, las nubes al atardecer forman interrogantes sobre la playa. Algunos objetos perdidos: Un reloj de pulsera. Un caballito del rancho de Playmobil. Un examen de historia. Unas gafas de sol graduadas. Varias sudaderas favoritas. Un ligamento cruzado. Trenes y algún autobús al sur. La bicicleta roja de la infancia. Amores variopintos, amistades desidiosas. Otras gafas de sol. La forma de comunicarme. El libro de Pedrito. Los aullidos, el olfato, las penúltimas gafas de sol, las estaciones del año.
Mi poesía hoy es vuestra piedad mañana Olvidadme por favor cuando no sea yo Porque no tendré piedad, ni siquiera poesía Me iré a la infancia más infeliz y justiciera Y no atenderé a vuestras razones sin sentido ¿Quién tiene la culpa de todo esto? Ni yo ni vosotros El azar caprichoso, la indecencia del existir La carrera que termina sórdida y triste Cómo se va encogiendo la vida Qué terrible vida sin vida
Hace mil años, cuando llegué a esta ciudad, me sentí abrumado por la inexistencia. Si no existe, nada existe. Y realmente no existía. Vi que la orografía determinaba mis ánimos. Sentí que podía tocar el horizonte árido y serpentino con la punta de los dedos, alcanzar los cerros ralos y borrarlos de una bofetada que devolviera su porción de azul marino al cielo azul celeste. La ciudad era, y es, un recinto absurdo y desolador, un circuito de risa que en media hora podría recorrer si aceptase hacerlo tragándome la pesadumbre de visualizar un travelling de lo baldío. No es sano correr con los ojos cerrados. Hoy ya casi da igual. El mar no está, no lo percibo en los pulmones. Ni en la distancia siquiera. Pero todo tiene arreglo en estos tiempos. No hay mar, no, un capricho de Pangea cuando se desperezó hace algunas eras. No siento nada, ni las vibraciones de su oleaje, ni su espuma, ni sus atardeceres, pero tengo la suerte de tener el tráfico siempre que lo necesito. Un sucedáneo fácil. ...
Comentarios
y se habrá quedao agusto el tío!
Además, no hace falta irse hasta Irán, ni al islamismo; tenemos innumerables ejemplos patrios de cafrería masculina y sectarismo religioso
Acabo de descubrir tu blog (a través de los perfiles) y me ha gustado, volveré a visitarte.
Salud!!!
q se puede decir?