Hace mil años, cuando llegué a esta ciudad, me sentí abrumado por la inexistencia. Si no existe, nada existe. Y realmente no existía. Vi que la orografía determinaba mis ánimos. Sentí que podía tocar el horizonte árido y serpentino con la punta de los dedos, alcanzar los cerros ralos y borrarlos de una bofetada que devolviera su porción de azul marino al cielo azul celeste. La ciudad era, y es, un recinto absurdo y desolador, un circuito de risa que en media hora podría recorrer si aceptase hacerlo tragándome la pesadumbre de visualizar un travelling de lo baldío. No es sano correr con los ojos cerrados. Hoy ya casi da igual. El mar no está, no lo percibo en los pulmones. Ni en la distancia siquiera. Pero todo tiene arreglo en estos tiempos. No hay mar, no, un capricho de Pangea cuando se desperezó hace algunas eras. No siento nada, ni las vibraciones de su oleaje, ni su espuma, ni sus atardeceres, pero tengo la suerte de tener el tráfico siempre que lo necesito. Un sucedáneo fácil. ...
Comentarios
como las nubes de algodón, ninguna.
un beso
Respuestas a tus preguntas:
1 - No soy asturianO.
2 - El lector de actualizaciones es uno de los gadgets que puedes seleccionar de la lista que te da blogspot cuando pulsas "añadir gadgets", lo único que tienes que hacer para que salgan los resúmenes y las fotografías es jugar con las 5 opciones que te da el gadget cuando lo colocas en tu blog.
Saludos.
precioso, rey
brutal.
un abrazo troN
cuando era pequeño miraba por la ventana de mi salón en los días q había muchas nubes pero no tantas como para cubrir el cielo, y me encantaban esos tonos q mostraba el cielo: blancos puros, azules muy vivos, miles de grises...
y las veces q he montado en avión y he volado justo por encima de las nubes, habiendo lluvia debajo y un Sol radiante por encima, me pareció mágico la verdad
saludos!