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Mostrando entradas de octubre, 2009

Marga ya no vende gominolas

Kitsch
o cualquier otra
mala interpretación
que se me ocurra
sacar de ese concepto
tan estudiado
por Kundera
en la genialidad
que es
la
insoportable
levedad
del
ser. Sigo:
todo parece anacrónico aquí
excepto los árboles
y (caramba
aquí también hay cerros)
los cerros
que decoran
allá al final
este escenario insólito.
Una bici rosa
en el balcón cochambroso.
Y toldos,
un montón de toldos
verdes.
Señal inequívoca
de
sol
que ya desaparece
sin tener
que pelearse
con montañas.
Como mucho con algún
que otro edificio
y un horizonte plano
y totalmente sumiso
que apenas opone
resistencia
a esa violación diaria
motivo de tantas postales
y composiciones
audiovisuales new age
(ppt, pps, FW: buenisimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!, etc.)
Sí, bici rosa, decía
Butano, extrarradio y Marga
que abre sucursales extrañas
(supermercados en concreto
pero
¡coño!
Marga tenía un tutifruti)
Cualquier día
vendo mi alma
en el locutorio de enfrente
robo carteras
pego palizas
juego al fútbol con
mallas y chicle
y acento del sur.

Osuna manda
(qué mala ostia)






Arden otra vez

Todo es presagio. La luz es médula de sombra:
van a morir los insectos en las bujías
del amanecer. Así
arden en mí los significados

Antonio Gamoneda



Duele la caligrafía helada
de un beso viejísimo.
Sorprende adivinar la esperanza
subiendo como una fresca
trenza de aire.
Después se sucede la rabia,
la impotencia del error,
la inutilidad de mirar atrás.
Hoy arden las pérdidas otra vez.
Se reavivan
en un instante incandescente
las cenizas que creía marchitas
en la hoguera de mi ingenuidad.


Ella en una película

Imagen
foto: http://www.egrupos.net/albumPhoto/730190/photo_111.jpg


Paris, Texas

"
-¿Tú crees que todavia la quiere?

-Cómo voy a saber eso, Hunter?

-Yo creo que sí

-¿Por qué lo dices?

-Por la manera en que la miraba

-¿Cuándo la vio en la película?

-Sí... Pero ésa no es ella

-¿Qué quieres decir?

-¿Qué es ella en una película? Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana..."

Sólo ahora

Deli___Delorean

Sólo ahora,
enemiga incipiente.
el espacio de mis sueños
es vasto y desproporcionado
El deseo que nos vinculaba
se pierde en toda esta atmósfera
que noche tras noche voy rellenando
con mares de aliento e intersecciones.
Pronto, muy pronto,
se inundarán los vestigios de mis ruinas.
Algas y salitre serán
disfraces comprometidos de mis bienes
Todo lo que tuvimos en común
es un poso narcótico sobre la arena.
Esta noche saldré en busca de los últimos sueños,
los caprichos que enarbolan este final abrupto.

Los políticos no mandan nada

"En tu trabajo circulan muchas informaciones: así es como accidentalmente te enteras de la existencia de lavadoras irrompibles que ningún fabricante se atreve a poner en el mercado; de que un tipo inventó unas medias que no sufren carreras pero que una importante marca de pantis le compró su patente para destruirla; de que el neumático no pinchable permanece cerrado bajo llave (a costa de miles de accidentes mortales cada año); de que el lobby del petróleo hace todo lo que está en manos para retrasar la expansión del automóvil eléctrico (a costa de un aumento de la tasa de monóxido de carbono en la atmósfera que implica el calentamiento del planeta, llamado efecto infernadero, probablemente responsable de numerosas catástrofes naturales de aquí al 2050; huracanes, deshielo del casquete polar, elevación del nivel del mar, cánceres de piel, por no hablar de las mareas negras); de que incluso el dentífrico es un producto inútil, ya que toda la higiene dental radica en la acción de c…

A veces mejor es nada

A veces mejor es nada
Si sucede esto
ocurrirá también
que los silencios
sean bombas semánticas,
los gestos y miradas
lunares de pentagrama,
las palabras -mudas e invisibles-
huellas remotas y resquebrajadas,
marcas en la figura arcillosa
de la voluntad

Ríos de ficción, mentiras inofensivas

Ó silba distraído. Esta tarde le da por sortear hileras de abetos que hace tiempo alguien distribuyó torpes y paralelas en los márgenes del río. Por dentro asimila todas las razones de su huida. Al mismo tiempo intenta no caer en el error de negarlas desde un primer escalón moral. El amor, la sociedad, la mentira, la inquietante presencia de eso que hay quien llama naturaleza. En la esquina del parque un niño se desafía creando un arco cada vez más largo con las cadenas oxidadas del columpio. Más allá, dos amantes estudian con romanticismo de telenovela la vereda del río y se ensimisman en el contraste aplastante de las aguas plateadas y la implacable y árida textura del asfalto. Mis ríos no son así, se dice. Tampoco los de Oliveira. Un fastidio no ser niño. Ni amante.
Esto no es París.
Y tampoco es literatura pero él aún no adivina esa certidumbre porque la tarde ya casi está terminada y una sucesión de imágenes interrumpen su digresión para acercarlo efectivamente al ejercicio narrat…