En el coche


Conducimos,
movemos de aquí para allá
nuestros cuerpos
y nuestra mente.
 
Por el día
en ríos de arena y de sed.

Por la noche
en pistas de hielo
   bajo las estrellas.

 

Mediodía

La luz pontifica cada segundo,
cada silbido, cada instante
en que las hojas se tambalean
en los árboles.

Aprendemos a señalar
lo que nos rodea
con códigos de silencio,
brisa, ambiente, voces,
la carretera a lo lejos,
el dibujo de las montañas,
el mar...

Es mediodía, ese momento
en que no hay
ecos ni sombras
ni apenas ya mañana
a la que aferrarse.

Seguimos adelante
pendientes de los segundos
descendientes de un sol alegre.

Aprendemos la lección
de la prematura muerte
de los insectos.

Ventana de verano


Calma.
Bach compite con la orquesta
de pájaros tras la ventana.
Los campos se acompasan
a la lluvia frágil
que no arrecia ni cesa,
allí afuera, tras la ventana.
 
Mientras tanto, el cielo
se cubre las espaldas
y la mañana se enrolla
sobre sí misma 
como un nido concéntrico
o un cuerpo
que tarda en despertar.

Los minutos de un poema,
blancos y grises,
se demoran en su aventura,
penetrando en la nada.

Y al final, el aroma del mar,
sencillo, genético, inmutable,
porta una sola noticia,
llega a mí como un epílogo,
cierra de una vez
       todos mis ciclos.




Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...