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Mostrando entradas de enero, 2018

Bosque

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Reíamos
camino del bosque,
nuestros cuerpos
flotando sobre la hojarasca...
Reíamos. El humus reía
bajo los pies.

Un hueco en la tierra
nos desequilibró
y caímos.
Rodamos y rodamos
por la ladera
-más tarde supimos
que la pendiente
irreverente
inherente
descendiente...
Sólo más tarde
comprendimos-

Acabamos tendidos
sobre el pedregal,
quietos como quien espera
poco más que el final
y lo ve distante,
anclado a las horas
del tedio.

De la mano del tiempo
nos levantamos
con la desazón
marcada en las rodillas
y algunas hojas marchitas
pegadas al rostro.

Poco a poco retomamos
el camino, y el latido del bosque
se acompasó con respeto
a los pasos nuevos.

Alguien encontró una fantasía
sobre un estómago de hojas
al pie de un castaño
de blancas ramas.

Sorbo a sorbo bailamos
hasta desfallecer,
de alegría deshidratados
en el alba.

Bailar, bailar, vivir.

El claro de bosque.
La compañía de una promesa
cuando amanece.

Enero

Caminamos juntos.
Recorremos el pueblo
siempre por los mismos caminos,
la ruta costera, las pistas,
las carreteras que circunvalan
los montes y las fincas.
Ella lleva las mejillas enrojecidas
por el fresco de enero
y un cansancio leve
que le sienta bien.
Ha caminado mucho
en todos estos años.
Según los cálculos
que hemos hecho
ella y su amiga han caminado
más de diecisietemil kilómetros
en estos treinta años.

Por eso sabe andar por el pueblo.

Al pasar saluda a los vecinos,
que se mueven
tristes o distraídos
en los alrededores de sus casas.
Ella los saluda por el nombre
y en cada saludo hay una historia
que agoniza.
Hola, Patricio
Hasta luego, Socorro
Adiós, Germán.

Palimpsesto

En un momento dado
los años escaparon de la jaula
y se desperdigaron
rápidamente por el jardín,
como un grupo que huye
y se divide.

Los busqué un tiempo.
Me adentraba en el pasado
con una linterna de recuerdos,
la ilusión sencilla del recolector
guiaba mi camino.

Cuando quise darme cuenta
en el saco sólo tenía
serendipia y secretos,
recuerdos sobre recuerdos,
erosión y cólera.

Y entonces paré las máquinas.

Fue el momento preciso
en que el cielo embellecía los días
-inútilmente soleados-,
y la playa volvía
a reclamar mi mirada,
como en un cortejo.

En el ocaso de una adolescencia
estirada hasta el pudor,
en lo que debería haber sido
un clímax, ahí paré las máquinas.

A día de hoy
aun no sé
si fue entonces
cuando empezaron
los problemas 

Pronto caerá la noche

Imagen
Con los pies llenos de barro
llego a un pedestal,
el monolito del presente
donde el tiempo sangra
y se desvanece a la vez.

Desde aquí arriba
se ven los baches del camino, 
la cuneta que cuida de sus muertos,
los remolinos de viento
que quise hacer míos
(todos los intentos y caídas,
las máscaras del Fenix,
Holden caminando por los campos,
sombras desde la caverna)

Veo la presencia animal del mar,
y la montaña a lo lejos
como un padre nuestro
enterrado en la recámara
del pasado.

Giro ciento ochenta grados
y cargo la brisa a la espalda.
El suelo se enfría.Pronto caerá la noche.