18 mar. 2017

Hogar



Oh, let me see your beauty when the witnesses are gone
Dance me to the end of love


Envejecimos lentamente.
Los atardeceres
caían uno a uno
sobre la terraza,
como telones que cierran,
noche tras noche,
una función exitosa.

Desde allí bebíamos vino
o una infusión,
bailábamos y saludábamos
a la luna
y al viento del invierno.

En silencio recordábamos
a nuestros padres,
los lugares ya tapados,
antiguos olores,
viejos sonidos
de grava y madera.

En noches de brisa
 guarnecíamos
la llama de las velas
con un cuenco de manos.
A veces complacía
y a veces quemaba.

A eso le llamamos
hogar.

27 feb. 2017

Poema imprevisto


The Story-Brandi Carlile

Detengo la maquinaria en mitad del camino,
en medio de ninguna parte,
en el sitio exacto donde ya no se espera nada.
Busco un poema rápido
para engancharme al presente
y cazarte al vuelo como una mariposa.

El caso es que han pasado los años
y mi pelo es más blanco.
He ido llorando cada vez menos, a medida
que aumentaban los problemas
y se afeaban los trailers de las primaveras
y los veranos cruzaban ante nuestros ojos
como pequeños impalas, bellos y esquivos.
Acabaremos viendo el mundo
en blanco y negro...

No estoy triste, es sólo este gris...
el color que toman las voces
cuando entran por la puerta
después del trabajo,
los niños tras pantallas azules,
el silencio de una casa
llena de hartas caras y allegados,
la rutina que pone todo perdido.

Para esto sirve parar, supongo:
escribir un poema rápido,
concebido para conmemorar un amor,
y terminar dibujando una tristeza leve.
Imprevistos, serendipia...

Por eso -también-
la poesía es impredecible
y asombrosa.

Todo vale.
Sigamos.

7 feb. 2017

El tiempo

En la naturaleza, a través de los ciclos estacionales y de los de producción de la tierra, todo está naciendo y muriendo constantemente y se nace para morir, pero también se muere para nacer. El invierno siempre da paso a la primavera: el eterno retorno que decía Eliade y del que ya hablaban los antiguos poetas hindúes, y más gente. Cada año uno vuelve a conectar con el principio de la vida, y eso tiene la enorme ventaja de que amortigua considerablemente la angustia que genera el tiempo lineal; la angustia por el paso del tiempo, por el tiempo perdido, por el sueño de detener el tiempo, que es la angustia del hombre de hoy porque el hombre de hoy vive de espaldas a la naturaleza. Los ritmos de la naturaleza se aceleran o detienen a voluntad y ya no marcan la vida humana y social, por lo que el tiempo cíclico ha desaparecido y el predominio del fungible y de la angustia vital que comporta son absolutos. En las sociedades tradicionales, además, la familia era troncal: estaba formada por tres generaciones que convivían juntas, y eso reforzaba aún más ese amortiguamiento de la angustia. Las tres generaciones estaban interconectadas y la generación de más edad, los abuelos, moría naciendo a través de los nietos"

Adolfo García Domínguez (entrevista en La Voz de Asturias)

1 dic. 2016

Leonard Cohen




Dormir, lentamente,
escuchando tu voz.

Ir cayendo, poco a poco,
en un remolino de sueño
dibujado de cicatrices.

Dormir, lentamente,
como si el mañana
fuese la oscuridad
que busco a tientas
con las manos,
como si esta noche
tuviese dentro
todas las noches.

Ángel negro y sedante.
Padre nocturno.
Habla y dime 
qué ves al otro lado.

21 nov. 2016

Volver vacío



Me llevo mucho.
Casi todo excepto un otoño.
Me llevo las calles rotas, las miradas duras,
el tiempo lavado como una roca
en la esquina de un río.
Me llevo la colección de acentos, las miradas duras
que no dejan de recordar el futuro robado a un país,
su derrota circular.

Me llevo los pies descalzos,
perpetuados como una maldición
en el cuerpo de los niños.

Me llevo el mar ambiguo, las playas, los pocos perros
que siempre son el mismo, el que intenta comprender
el idioma del hombre estúpido y sonriente,
el idioma del hombre estúpido y afligido.

Me llevo miles de recuerdos,
algunos irrecuperables, algunos lacerantes
como el de los dos hermanos
en mitad de la noche,
caminando bajo la luz única de millones de estrellas,
en una carretera hacia ningún sitio.

Me llevo a mí, a mis heterónimos,
A mis he sido, mis revival, mi continente
mudado, alterado, infectado, enfermado, resurgido.
Me llevo lo que fui y lo que voy a ser.
Esos extremos distantes.
 
Creo que tanto me llevo  –tanto-
que sólo tengo miedo
a no llevar nada,
a volver vacío.
Las manos juntas de aquellos dos hermanos.
Saber que pudimos ser nosotros.
No saber soportarlo. 

25 oct. 2016

Descenso







Atardece sobre los campanarios,
en una ciudad amarilla
o en un café bajo la lluvia
(no importa)

Mucho antes,
el trascurrir del tiempo
en la ribera del rio
se volvió una fotografía inmóvil
que muestra a una familia
entre los juncos,
como una tribu.
Por el día están
atentos a las mareas
y al lenguaje, que da comienzo.
Por la noche se quedan
ensimismados
en la sombra azul de la luna
y en el mar antiguo
que lanza las olas con desgana
hasta la orilla.

Es la memoria, que no sabe
-como un liquen en la roca
o un libro viejo olvidado
en las estanterías del desván-

Es la memoria, que no sabe.
Se desliga del hombre
y continua avanzando,
a tientas,
hacia su final.

9 oct. 2016

Señal de radar

Lancha en Catembe

En algún momento,
en la mistura sutil
de olor a cuero
y perfumes anónimos,
en mitad del ruido de una botella que cae,
surgiste -leve pero exacta-
generando una señal de radar,
un ahora.

Entonces
volvieron a mí
aquellos dos o tres momentos elementales,
esa vida concentrada
que tiendo a extraviar
bajo el sustrato
de los días. 

Volvieron
      recuerdos,
              sensaciones
                      sentimientos

Y el resto fue
como un camino de vuelta,
dejarse llevar,
la hipnosis de una marea que se mece
en todas las direcciones
hasta desaparecer...