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Nunca más volveré a pisar Barcelona,
ciudad enigma, fantasma que siempre
he ignorado en el pensamiento
y en mis sueños.
Hoy voy a Valparaíso,
a Buenos Aires, Toledo,
Cuenca, Nueva Orleans,
Venecia, Chicago,
Sarajevo.

Cosmopolita exquisito,
sólo me valen los adoquines
de las calles
como las de esa ciudad
andante y reflexiva
-Estrasburgo-
Me valen algunos parques,
las azoteas, algunos puentes,
las tiendas pequeñas sin letreros
y sin hilo musical,
las bicicletas demodé
y las estaciones de tren,
esas cavernas en penumbra
de las urbes.

Rural acérrimo, pero cansado
de pisar la grava y los senderos,
de mirar el pueblo
-desde lejos, in situ,
como se mira el mar
con los prismáticos-
así camino yo por mis días.

El hastío descansa
intermitentemente.
Entre lunas
sigo andando.
Entre el hormigón
y la floresta.

Bosque

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Reíamos
camino del bosque,
nuestros cuerpos
flotando sobre la hojarasca...
Reíamos. El humus reía
bajo los pies.

Un hueco en la tierra
nos desequilibró
y caímos.
Rodamos y rodamos
por la ladera
-más tarde supimos
que la pendiente
irreverente
inherente
descendiente...
Sólo más tarde
comprendimos-

Acabamos tendidos
sobre el pedregal,
quietos como quien espera
poco más que el final
y lo ve distante,
anclado a las horas
del tedio.

De la mano del tiempo
nos levantamos
con la desazón
marcada en las rodillas
y algunas hojas marchitas
pegadas al rostro.

Poco a poco retomamos
el camino, y el latido del bosque
se acompasó con respeto
a los pasos nuevos.

Alguien encontró una fantasía
sobre un estómago de hojas
al pie de un castaño
de blancas ramas.

Sorbo a sorbo bailamos
hasta desfallecer,
de alegría deshidratados
en el alba.

Bailar, bailar, vivir.

El claro de bosque.
La compañía de una promesa
cuando amanece.

Enero

Caminamos juntos.
Recorremos el pueblo
siempre por los mismos caminos,
la ruta costera, las pistas,
las carreteras que circunvalan
los montes y las fincas.
Ella lleva las mejillas enrojecidas
por el fresco de enero
y un cansancio leve
que le sienta bien.
Ha caminado mucho
en todos estos años.
Según los cálculos
que hemos hecho
ella y su amiga han caminado
más de diecisietemil kilómetros
en estos treinta años.

Por eso sabe andar por el pueblo.

Al pasar saluda a los vecinos,
que se mueven
tristes o distraídos
en los alrededores de sus casas.
Ella los saluda por el nombre
y en cada saludo hay una historia
que agoniza.
Hola, Patricio
Hasta luego, Socorro
Adiós, Germán.

Palimpsesto

En un momento dado
los años escaparon de la jaula
y se desperdigaron
rápidamente por el jardín,
como un grupo que huye
y se divide.

Los busqué un tiempo.
Me adentraba en el pasado
con una linterna de recuerdos,
la ilusión sencilla del recolector
guiaba mi camino.

Cuando quise darme cuenta
en el saco sólo tenía
serendipia y secretos,
recuerdos sobre recuerdos,
erosión y cólera.

Y entonces paré las máquinas.

Fue el momento preciso
en que el cielo embellecía los días
-inútilmente soleados-,
y la playa volvía
a reclamar mi mirada,
como en un cortejo.

En el ocaso de una adolescencia
estirada hasta el pudor,
en lo que debería haber sido
un clímax, ahí paré las máquinas.

A día de hoy
aun no sé
si fue entonces
cuando empezaron
los problemas 

Pronto caerá la noche

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Con los pies llenos de barro
llego a un pedestal,
el monolito del presente
donde el tiempo sangra
y se desvanece a la vez.

Desde aquí arriba
se ven los baches del camino, 
la cuneta que cuida de sus muertos,
los remolinos de viento
que quise hacer míos
(todos los intentos y caídas,
las máscaras del Fenix,
Holden caminando por los campos,
sombras desde la caverna)

Veo la presencia animal del mar,
y la montaña a lo lejos
como un padre nuestro
enterrado en la recámara
del pasado.

Giro ciento ochenta grados
y cargo la brisa a la espalda.
El suelo se enfría.Pronto caerá la noche.

Estar en el momento

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- Yo tuve un gracioso...Bueno, horrible sueño el otro día. Tenía una pesadilla horrible de que tenía 32 años. Y entonces me desperté y tenía 23. Estaba aliviada. Y luego me desperté en realidad y tenía 32.

- Mierda. Eso pasa.

- Aterrador. El tiempo pasa más y más rápido. Aparentemente, porque no renovamos las sinapsis después de los 20. De ahí vamos en bajada.

- A mí me gusta envejecer, ¿sabes? La vida parece... No sé, parece más inmediata. Puedo apreciar más las cosas.

-No, a mí también, en realidad. De veras me encanta.

-Yo era...baterista en una banda.

- ¿Sí?

- Sí. En realidad éramos bastante buenos. Pero el vocalista estaba obsesionado con conseguir un contrato de grabación. En lo único que hablábamos y pensábamos era en mayores shows. Todo estaba enfocado en el futuro todo el tiempo. Y ahora...la banda ya ni existe. Y al recordar los shows en que tocamos...incluso los ensayos, era tan divertido. Ahora yo podría disfrutar cada minuto de eso.

- Bueno, tu libro fue publicado. Eso es algo gr…

Hálito de Sundfør

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Como el cometa de aquel verano del noventa y cuatro
llegas a esta vida de segunda generación,
a este extraño invierno canicular.

En alguna parte ya hemos oído
el sueño ligerísimo de tu voz,
esa promesa que camina hacia atrás...

Tus manos pintan salmos
sobre un lienzo cenizo donde ya no queda nada,
en un mundo que se sostiene a duras penas,
como una bolsa de plástico a merced del viento.

Mientras saltan las estrellas en tu pentagrama
ahí fuera otras cuatro notas dan sentido
a la inmensa noche enmascarada.
Cuatro referencias (Polar, Sirius, Aldebarán, Vega)
Cuatro puntos cardinales
entre nuestro archipiélago
y el misterio