Técnicas de autoayuda



Embrutecido y solo, pensaba en lo inútil de definir una percepción concreta de mis ídolos. De cuando en cuando finas esquirlas de cristal de espejo se formaban trabajosamente al contacto áspero con el rail de la mirada caleidoscópica. Las distancias mates y fresadas de sus bordes eran certezas de algo ajeno, oblicuo a la realidad más inmediata, una especie de representación holográfica sin definición cromática ni corporeidad. Con el soplo eólico del sueño me difuminé disperso y ágil, mustio, como aquel muchacho tímido que hace años lloraba conmovido por el brillo elitista e injusto de las estrellas. No hay derecho, ayer de madrugada Tomorrow volvió sin prisa. Lucía un desdén lento y seco, vírico, como la lava de un volcán deslizándose vomitiva por las laderas. Las marcas del reloj se fueron distanciando, lo suficiente para que yo decidiera escapar despavorido de la cama atroz donde ya a esas horas intempestivas se cantaban, voz en grito, axiomas éticos y literatura gris a partes iguales, bellos pasajes de discursos políticos, trabalenguas de amor duro y sexo eterno: las rudimentarias técnicas de autoayuda que siempre quise intercalar, sin saberlo, en mis canciones folk de voz de papagayo triste.



There are two colors in my head


Everything in its right place__Radiohead

Me pregunto
qué te parecerían los espamos
los ojos en blanco
los bailes tribales
La luna llena
abrazada a una oscuridad total

Es la espiritualidad del lobo
Un disfraz de carne y huesos
Piel, sudor, sucia naturaleza

Sí, declaro el amor con un tambor
Y unas marcas de guerra en la cara
Mujer
Yo me atreví
a escapar de (casi) todos los engaños
Atrévete tú y mírame

Estoy viendo
Estoy viendo
Estoy proyectando sombras
Me estoy asomando
a los confines resbaladizos del oráculo

Hada helada en vuelo inerte



"Cuatro mil días después de aquel año obcecado

detecto que al fin te dignaste
a cumplir con la cita inaudible,
y me alegro, y me enfado a la vez.

Después de estudiar con cuidado este caso
ejerciendo a la vez de fiscal y abogado,
de juez imparcial,
sentencio lo nuestro
diciendo que el fallo más grande
pasó por guardar
solamente los días más gratos
y olvidar los demás.

Mirarte de frente.
Admito en voz alta
que no pocas veces he sido tentado
en coger mi esperanza
y lanzarla sin más a la fosa común
donde yacen los sueños
que nos diferencian.

Tal vez ¿has pensado en renunciar?
Yo aún no.

Hada helada en vuelo inerte,
tú nunca cambiarás,
hada helada en vuelo inerte,
tú nunca caerás.

Tal vez ¿has pensado en crecer más?
¡Más no!
Tal vez ¿te conseguiste equilibrar?
Yo aún no.
Vamos a correr el gran sprint final
y al cruzar la línea los dos ganarán.

Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales,
ven a romper las ventanas,
ven a gritar como antes,
ven a romper las ventanas
y hacer del caos un arte,
voy a romper tus ventanas
y voy a entrar como el aire"


2009: voy a romper las ventanas___Love of lesbian

Tambor



Tambor no para. La evolución lo revoluciona poco a poco. Está ensimismado en el ir y venir de bajos y baterías, líneas espectaculares de cuerdas, imparable sonido jugando en el metálico estómago de espirales que no cesan. ¡Sintetizadores! (electrofelicidad creo que era esto pienso yo mismo interrumpiendo el relato como narrador y no como Tambor). Son las 2:30 y Tambor se mira los pies porque presiente que está levitando, y sí, efectivamente, está levitando. Unos centímetros apenas. Recuerda lo que leyó hace unas horas: el escritor tenía razón. ¿Qué diría el músico? Malditos cabrones afortunados. Eso es lo que piensa Tambor mientras recoloca la pierna y sigue buscando el ritmo que no para y que ahora ya está crecidito. Decide subir el volumen y cerrar los ojos. Pero, ¿a ver? Mmmh... con los ojos cerrados no puede escribir. Piensa que va a probar: (flap) avusca as marcas del teclado u dibika ña m úsica en la oscuridad, se fia de su . No, no funciona, abre los ojos, ve que aún no es capaz de dibujar la música con los bellos trazos de Mrs. Courier.

Sube el volumen un poco más.
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Sucedáneos


Hace mil años, cuando llegué a esta ciudad, me sentí abrumado por la inexistencia.
Si no existe, nada existe.
Y realmente no existía. Vi que la orografía determinaba mis ánimos. Sentí que podía tocar el horizonte árido y serpentino con la punta de los dedos, alcanzar los cerros ralos y borrarlos de una bofetada que devolviera su porción de azul marino al cielo azul celeste. La ciudad era, y es, un recinto absurdo y desolador, un circuito de risa que en media hora podría recorrer si aceptase hacerlo tragándome la pesadumbre de visualizar un travelling de lo baldío. No es sano correr con los ojos cerrados.

Hoy ya casi da igual. El mar no está, no lo percibo en los pulmones. Ni en la distancia siquiera.
Pero todo tiene arreglo en estos tiempos. No hay mar, no, un capricho de Pangea cuando se desperezó hace algunas eras. No siento nada, ni las vibraciones de su oleaje, ni su espuma, ni sus atardeceres, pero tengo la suerte de tener el tráfico siempre que lo necesito. Un sucedáneo fácil. Chapuzas para males endémicos. Menos en ciertos momentos de la madrugada, en que lo que veo a través de la ventana no se parece a nada más, siento la serenata del mar que ruge y se balancea allá a lo lejos, aquí mismo, aunque en verdad no esté más que en la imitación involuntaria e irónica que a veces se produce en el mundo. Porque sí, el tráfico es como el mar, una sucesión de sucesiones, las olas, los coches, el tráfico, la marea, los motores, el vaivén del agua llegando y marchando. El imparable ir y venir reflejado en todo y en nada. Sí, los coches son bellas máquinas, atroces, peligrosas.
Y el mar era una máquina bella.
Una máquina muy muy bella.


Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...