Noche de verano




Reías, y yo amaba
el mundo bajo tu vientre. 

Allá arriba
el fulgor argénteo sobre tu espalda
desafiaba al tiempo
y a las máscaras,al olvido...
El cielo nos señalaba
con sus guiños
y su enigma
y una luna fértil
volvía
para aparecer
fantasmal
sobre mis sueños.
¿Qué decir del mar
en manos de tu mirada
o de tu cabello enrroscado
como una serpiente azul
sobre la toalla?

Estábamos ahí,
vivíamos en esa burbuja.
 
Con el beneplácito
de la noche 
volvimos a besarnos
hasta el amanecer.

Sozinho pelas ruas


En avenidas polvorientas
coronadas de árboles de jacaranda
la mirada de los azulejos rotos
se refleja en otro océano,
el símbolo de la inversión radical
en la que me mezco.

El otoño que no ha de llegar
constituye una pérdida insignificante
en el balance próspero
de tantos pasos, kilómetros, sueños, miradas.

En las pequeñas calles, esas tan quietas
que la canícula tumba a los hombres
sobre sus sillas de plástico
o adormece el sonido de las radios
y silencia los pasos del que camina.

Cuando cae la tarde,
y los carteles reclaman juegos
para reconstruir un país
con los brincos de sus niños,
yo sólo tengo sentidos
para caminar y beber sin esfuerzo
todo lo que me ofrece este verano
expuesto hacia mí como una ofrenda.

Con la mente abierta y con suelas en los zapatos
y sangre en las venas y la mirada al frente
el miedo y el hastío se diluyen en el aire
como un vapor de alcohol
o un cielo nublado que se desvanece
incólume, digno.

He muerto hacia atrás.
Procuro no pensar
en ello:
ahora voy -sozinho pelas ruas
y tristemente feliz-
hacia adelante.

Cerca de otros mares




Un giro improvisado, y los puntos emocionales
se asientan en otras coordenadas,
en otras geometrías.
Basta muy poco para recordar
que hemos estado en tantos lugares antes,
cerca de otros mares,
 junto a otros fuegos.


Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...