Leonard Cohen




Dormir, lentamente,
escuchando tu voz.

Ir cayendo, poco a poco,
en un remolino de sueño
dibujado de cicatrices.

Dormir, lentamente,
como si el mañana
fuese la oscuridad
que busco a tientas
con las manos,
como si esta noche
tuviese dentro
todas las noches.

Ángel negro y sedante.
Padre nocturno.
Habla y dime 
qué ves al otro lado.

Volver vacío



Me llevo mucho.
Casi todo excepto un otoño.
Me llevo las calles rotas, las miradas duras,
el tiempo lavado como una roca
en la esquina de un río.
Me llevo la colección de acentos, las miradas duras
que no dejan de recordar el futuro robado a un país,
su derrota circular.

Me llevo los pies descalzos,
perpetuados como una maldición
en el cuerpo de los niños.

Me llevo el mar ambiguo, las playas, los pocos perros
que siempre son el mismo, el que intenta comprender
el idioma del hombre estúpido y sonriente,
el idioma del hombre estúpido y afligido.

Me llevo miles de recuerdos,
algunos irrecuperables, algunos lacerantes
como el de los dos hermanos
en mitad de la noche,
caminando bajo la luz única de millones de estrellas,
en una carretera hacia ningún sitio.

Me llevo a mí, a mis heterónimos,
A mis he sido, mis revival, mi continente
mudado, alterado, infectado, enfermado, resurgido.
Me llevo lo que fui y lo que voy a ser.
Esos extremos distantes.
 
Creo que tanto me llevo  –tanto-
que sólo tengo miedo
a no llevar nada,
a volver vacío.
Las manos juntas de aquellos dos hermanos.
Saber que pudimos ser nosotros.
No saber soportarlo. 

Descenso







Atardece sobre los campanarios,
en una ciudad amarilla
o en un café bajo la lluvia
(no importa)

Mucho antes,
el trascurrir del tiempo
en la ribera del rio
se volvió una fotografía inmóvil
que muestra a una familia
entre los juncos,
como una tribu.
Por el día están
atentos a las mareas
y al lenguaje, que da comienzo.
Por la noche se quedan
ensimismados
en la sombra azul de la luna
y en el mar antiguo
que lanza las olas con desgana
hasta la orilla.

Es la memoria, que no sabe
-como un liquen en la roca
o un libro viejo olvidado
en las estanterías del desván-

Es la memoria, que no sabe.
Se desliga del hombre
y continua avanzando,
a tientas,
hacia su final.

Señal de radar

Lancha en Catembe

En algún momento,
en la mistura sutil
de olor a cuero
y perfumes anónimos,
en mitad del ruido de una botella que cae,
surgiste -leve pero exacta-
generando una señal de radar,
un ahora.

Entonces
volvieron a mí
aquellos dos o tres momentos elementales,
esa vida concentrada
que tiendo a extraviar
bajo el sustrato
de los días. 

Volvieron
      recuerdos,
              sensaciones
                      sentimientos

Y el resto fue
como un camino de vuelta,
dejarse llevar,
la hipnosis de una marea que se mece
en todas las direcciones
hasta desaparecer...


Patria es volver


"Mi patria es una tienda en medio del desierto. Mi casa es esa tienda llena de historias, no exactamente un lugar ni una geografía, pero sí es la reconstrucción de mi infancia y mi adolescencia. Hay muchas cosas que me cruzan entre lo racional y ese otro universo más abierto. El elemento mágico está presente en la poesía y la poesía está en todas partes. No se trata sólo de un género, sino de una manera de ver el mundo y de recuperar lo que se ha vuelto invisible."

Mia Couto, entrevista en Ñ, revista de cultura

Noche de verano




Reías, y yo amaba
el mundo bajo tu vientre. 

Allá arriba
el fulgor argénteo sobre tu espalda
desafiaba al tiempo
y a las máscaras,al olvido...
El cielo nos señalaba
con sus guiños
y su enigma
y una luna fértil
volvía
para aparecer
fantasmal
sobre mis sueños.
¿Qué decir del mar
en manos de tu mirada
o de tu cabello enrroscado
como una serpiente azul
sobre la toalla?

Estábamos ahí,
vivíamos en esa burbuja.
 
Con el beneplácito
de la noche 
volvimos a besarnos
hasta el amanecer.

Sozinho pelas ruas


En avenidas polvorientas
coronadas de árboles de jacaranda
la mirada de los azulejos rotos
se refleja en otro océano,
el símbolo de la inversión radical
en la que me mezco.

El otoño que no ha de llegar
constituye una pérdida insignificante
en el balance próspero
de tantos pasos, kilómetros, sueños, miradas.

En las pequeñas calles, esas tan quietas
que la canícula tumba a los hombres
sobre sus sillas de plástico
o adormece el sonido de las radios
y silencia los pasos del que camina.

Cuando cae la tarde,
y los carteles reclaman juegos
para reconstruir un país
con los brincos de sus niños,
yo sólo tengo sentidos
para caminar y beber sin esfuerzo
todo lo que me ofrece este verano
expuesto hacia mí como una ofrenda.

Con la mente abierta y con suelas en los zapatos
y sangre en las venas y la mirada al frente
el miedo y el hastío se diluyen en el aire
como un vapor de alcohol
o un cielo nublado que se desvanece
incólume, digno.

He muerto hacia atrás.
Procuro no pensar
en ello:
ahora voy -sozinho pelas ruas
y tristemente feliz-
hacia adelante.

Cerca de otros mares




Un giro improvisado, y los puntos emocionales
se asientan en otras coordenadas,
en otras geometrías.
Basta muy poco para recordar
que hemos estado en tantos lugares antes,
cerca de otros mares,
 junto a otros fuegos.


En el coche


Conducimos,
movemos de aquí para allá
nuestros cuerpos
y nuestra mente.
 
Por el día
en ríos de arena y de sed.

Por la noche
en pistas de hielo
   bajo las estrellas.

 

Mediodía

La luz pontifica cada segundo,
cada silbido, cada instante
en que las hojas se tambalean
en los árboles.

Aprendemos a señalar
lo que nos rodea
con códigos de silencio,
brisa, ambiente, voces,
la carretera a lo lejos,
el dibujo de las montañas,
el mar...

Es mediodía, ese momento
en que no hay
ecos ni sombras
ni apenas ya mañana
a la que aferrarse.

Seguimos adelante
pendientes de los segundos
descendientes de un sol alegre.

Aprendemos la lección
de la prematura muerte
de los insectos.

Ventana de verano


Calma.
Bach compite con la orquesta
de pájaros tras la ventana.
Los campos se acompasan
a la lluvia frágil
que no arrecia ni cesa,
allí afuera, tras la ventana.
 
Mientras tanto, el cielo
se cubre las espaldas
y la mañana se enrolla
sobre sí misma 
como un nido concéntrico
o un cuerpo
que tarda en despertar.

Los minutos de un poema,
blancos y grises,
se demoran en su aventura,
penetrando en la nada.

Y al final, el aroma del mar,
sencillo, genético, inmutable,
porta una sola noticia,
llega a mí como un epílogo,
cierra de una vez
       todos mis ciclos.




Pérdidas

Las lágrimas
El olfato
La capacidad de sorpresa
La emoción
Los caminos de tierra
Jugar en la calle

El efecto del café
Dormir ocho horas
Dormir cuatro horas
No dormir
La poesía como juego
Deambular sonámbulo
alegre,
a las siete de la mañana,
en verano.

El verano
La escritura automática
El tiempo
El olfato
Las lágrimas
La inocencia

Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...