De patrias



"Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria."


Roberto Bolaño en La última entrevista a Roberto Bolaño, Mónica Maristain. 

FAULKNER


Hay algo, muy poco, de lo mío,
muy puro,
y mucho de todo lo que me es
ajeno.
Vive ahí la descripción poética
de la luz, de lo universal,
eso que comparto con otros
y que también es mío.
Vive el deja vu de las sensaciones
puestas por escrito
pero también la extrañeza
de lo insignificante,
-el registro del detalle-
el esfuerzo salvaje por plasmar
que al final se ha vuelto
algo inmortal, digno de quedarse
en el pergamino de lo imperecedero,
en la Literatura.

Corriente de insomnio bajo el Bernesga

 *

Anoche
el río que pasa por León
se llamaba Insomnio.
En cambio, el trueno
sobre el tejado
aquí en Pucela
era, sin duda, un hierro escapado
del Pisuerga.

García Madero, era el peatón infrarrealista
caminando por el Distrito Federal
de mi memoria.
Mi vida era olvido,
un lienzo de nieblas
donde se esconden los detalles
y se mixturan nombres, fechas,
lugares, sueños.

Lo esencial anoche fue dormirse
como una pantera asustada bajo el bochorno de la tormenta,
poco a poco,
cerca de nada,
completamente
a tu lado.



*La fotografía está sacada del blog Paseando por León

Verano (ya todavía)



En las trémulas tierras que exhalan el verano,
el día es invisible de puro blanco. El día
es una estría cruel en la celosía,
un fulgor en las costas y una fiebre en el llano.

Pero la antigua noche es honda como un jarro
de agua cóncava. El agua se abre a infinitas huellas,
y en ociosas canoas, de cara a las estrellas,
el hombre mide el vago tiempo con el cigarro.

El humo desdibuja gris las constelaciones
remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre. 


Jorge Luis Borges
Luna de enfrente, 1925


Silencio cosido al silencio (poema rescatado)



Cuando voy
me quito las gafas
y abro mucho los ojos,
me despejo el flequillo
de la frente
y sonrío o me meto
muy serio dentro de tus ojos mates
para que se encienda la luz
y saltes de un portazo
a la realidad donde yo habito.


Mis intentos son de niño,
más del deseo que de la ciencia.
Tú andas muy lejos,
paseas en un limbo de vacíos.
y a veces vuelves
si sonríes sin voluntad
pero con una convicción
que guarda la esencia
de tu alegría abismada.


La lejanía y la lucidez
son compañías bastardas
en tu viaje por lo transitorio.
Ahora eres una anciana,
ahora eres una niña,
ahora no eres nada.



Duelo







Como en la vida
la geometría en la playa
no existe.


Se es un naúfrago
ya en la orilla,
como un peatón apasionado de las arenas,
casi un animal cretácico
que entra vacilante a nadar
en las aguas
de un mar sin centro.


Me he perdido allí
muchas veces
-contigo, contigo,
conmigo-
Al salir siempre
he acabado encontrándome,
ajustado, ganador de un duelo, 
listo para ser otra vez
libre desde el principio.

Carmen



Hay peces muertos
en la celebración
sobre el mar. 
La bandera deshilachada
los tapa y
los deja ver, 
los tapa.
El mar se ha vestido
de brillantes y velas.
Tapan el recuerdo
las bocinas dramáticas
de los barcos.

Escribir*





Y ese hastío de crear más
es insignificante cuando
palpita en el estómago
la corazonada de un volcán.


O sale o se pierde,
o se saca de dentro
o la explosión futura
puede terminar destruyendo
aquello que merece la pena
del espíritu.




*Un poema inédito traído a colación con mayor o menor fortuna tras reflexionar aquí sobre el acto de escribir (poesía)

Música para malogrados

"Te escucho, lector y no te negaré que casi se acabó la fiesta y que el cielo radicalmente negro siente indiferencia por todos, pero imagina, por un momento, que vas por ese último trayecto que le queda a la literatura y estás con los personajes de tu propia música en la última frontera, perdido en el desierto de Sonora, por ejemplo, al final de todas las búsquedas, o en la biblioteca gótica del gran Gatsby y te llamas Ojos de Búho y eres aquel tipo de grandes lentes que va siempre aturdido después de haber comprobado con asombro que los libros de la casa de Gatsby no son falsos"

ENRIQUE VILA-MATAS
El País, Babelia, 2 junio de 2012



Desconcierto



Como si solo fueses
un recuerdo vago y escondido,
la memoria leve de otra vida. 


(Así te quiero 
desde que no estás,
solapo a olvido
la erosión de mis recuerdos
sobre tu imagen)

4:51 am: frente al mundo


Todo apuntaba a un libro laberíntico, casi diríase que borgiano. Por el cajo y en la base del lomo el cuero terminaba áspero, erosionado así por los años y las manos. En la boca, la cabezada estaba cosida profesionalmente, quizá por un artesano cualificado o por los hombres-correo que escondían allí mensajes secretos y poemas. En la hoja de guarda, una no-palabra encabezaba el volumen, así:

“Tawctbb.Ootinrt”

Terminó el café extrañado y febril escuchando a Mahler por los auriculares. Después recogió la mesa y salió a fumar. Afuera, el claro de luna satinaba la acera y los silencios. Entró de nuevo y volvió al libro impetuosamente. De golpe su curiosidad se disipó como la ramificación de un relámpago: en la página 107 leyó su propio pasado inmediato: “La puerta se abrió y se cerró. Montag se encontró otra vez en la oscura calle, frente al mundo”



Lo escribí hace unos meses, inspirado en la lectura de Fahrenheit 451. Lo presenté a un concurso de microrrelatos pero, por supuesto, no ganó nada. Al menos hoy me sirve de homenaje, si no a un escritor que conozco más bien poco sí a un gran libro.

Porvenir


"El aire se fue arremolinando hasta conseguir una lluvia de hojas y espantar el manto de niebla, y la luz cambió de color. Todo cuanto teníamos alrededor configuraba la respuesta a la esperanza, y pensé que también era necesario para vivir aquello que se esperaba, que para andar por la vida no bastaba con lo que se conocía o se recordaba."


El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles. Acantilado. 2003. p.280

Mayo

El toro tras el manzano
resultó ser sólo un cuerno dorado,
muy fino, tirando con saña
de la curva del mar fugitiva.

Yo ya he muerto si los grillos callan,
si las estrellas se bloquean
de repente en un uno o un cero,
si se extingue en nada el aroma vivo,
tan superfluo, contemporizador
de mayos y silencio.

Los árboles en fotograma
son también pasado y futuro,
memoria, nunca ya,
jamás delegaciones espurias
de la muerte y del caos.

Las casas guiñan amarilla luz
en las ventanas
y pasa el tren a lo lejos,
entre bosques de castaños
y recuerdo.

Y después, al final,
se esconde tras los tejados del oeste
un Venus regado de silencio,
y el viento pasa como un minutero
que huye de ayer
y los párpados se quedan adormecidos,
como pequeños gorriones
en mitad de la oscuridad
y el olvido.

La esperanza



[...]

No es este nuestro mundo,
habríamos soñado otro lugar
sin mártires ni dioses, 
pero encontramos ángeles
y en ellos habitaba la esperanza
de vivir, y la vida
con su justa y sencilla dignidad
merece aquel dolor que derramaste.
[...]




De ÁngelesFernando Valverde. Los ojos del pelícano. Visor. 2010

El deseo

Urge vivir
en otros lugares
y en otros momentos,
conjurar
las espinas de la lluvia
en la oficina,
las arboledas, los ríos, las batallas
en el corazón de la poesía
y en los libros.

El deseo
de viajar dentro de mí, el deseo,
sustenta esta trampa 
tan legítima y dignificante,
tan humana.

El resto es reconocer
lo simplemente minúsculo,
aceptar el ruido atronador y breve
dentro de este silencio infinito,
aprender a mirarse 
de una vez
en los espejos.


Suma






que ayer sólo eras toda la hermosura
eres también todo el amor, ahora




De Sábados. (Fervor en Buenos Aires). Jorge Luis Borges

El esclavo más feliz



Sin que puedas explicarlo
mi mundo se ha reducido a ti
y ahora soy el esclavo más feliz
de tu alegría.


Continúa
con el chantaje de tu risa
y recuerda
que es el silencio
nuestro enemigo.

Nosotros

[...]

"Los otros, los que no sacamos libros, parecemos menos escritores. Los diaristas, los que no nos vamos con cautela, ni pensamos que infringimos las bases de la beca al dejar rastros por todos lados. Escribimos aquí y allá, y nunca nos atenemos al arte de la contención porque posteamos a la menor oportunidad. Publicamos pero no tenemos bibliografía. Nuestro currículo es un compendio de direcciones de Internet. 

Nadie nos agradece que no publiquemos. Nadie nos dice: hey, tú, gracias por no regalarme otro de esos libros que no voy a leer. Gracias por no despilfarrar el presupuesto oficial en una de esas ediciones apresuradas, de letra pequeña y al menos tres logotipos horrorosos en la cuarta de forros.

[...]

Escribir sin publicar. Una actividad clandestina que no pocos están dispuestos a ejercer. Cada semana me aborda alguien para preguntarme por el próximo libro. Ni siquiera el que estoy escribiendo ahora sino el que en estos momentos está en la mesa de un dictaminador, en la sala de espera de un concurso. Cuando las conversaciones pasan de los libros ajenos a los propios es hora de tomar las cosas y marcharse. Evita hablar de un libro tuyo si no se encuentra al menos en manos de un corrector de pruebas.

La bibliografía propia. El respeto por haber escrito algo caduca a los cinco años. Después, tu libro de 2004 empieza a ser menos un placer y más una suerte de reproche."



Los que no publican. Eduardo Huchín Sosa (artículo completo aquí)

El sabor de la manzana

 [...] El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro. Lo esencial es el hecho estético, el thrill, la modificación física que suscita cada lectura.[...]

Jorge Luis Borges. Prólogo de Poesía completa. Destino. 2009

Lector



Soy lector
como soy peatón.
Soy un partisano
de las horas restantes,
el orgullo borgiano,
el respeto de saber
que pronto no seré nada.
Si no leo me seco
por dentro,
si no leo
la vida necrótica,
la vida se vuelve
una sábana sin letras ni sueños,
una amnesia de tipografía
invisible.



"Al fin y al cabo, lo normal es leer"


Quizá hubiera que decir algo más sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por qué no escribo inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho más azorante: ¿por qué escribí? Al fin y al cabo, lo normal es leer. Mis respuestas favoritas son dos. Una, que mi poesía consistió -sin yo saberlo- en una tentativa de inventarme una identidad; inventada ya, y asumida, no me ocurre más aquello de apostarme entero en cada poema que me ponía a escribir, que era lo que apasionaba. Otra, que todo fue una equivocación: yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema. Y en parte, en mala parte, lo he conseguido; como cualquier poema medianamente bien hecho, ahora carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión interna a ese atormentado tirano, a ese Big Brother insomne, omnisciente y ubicuo -Yo. Mitad Cabilán, mitad Narciso, le temo sobre todo cuando le escucho interrogarme junto a un balcón abierto: "¿Qué hace un muchacho de 1950 como tú en un año indiferente como éste". All the rest is silence.

Jaime Gil de Biedma. Nota autobiográfica. Las personas del verbo. Ediciones Cálamo, 2009.

Despertar (Fin de fantasía. Cesare Pavese)

No tenemos más que esa virtud: comenzar
cada día la vida -ante la tierra,
bajo un cielo que calla-, esperando un despertar.
Se asombra alguien de que el alba implique tanto esfuerzo;
de despertar en despertar, una labor ha sido efectuada.
Pero vivimos solamente para darnos en un estremecimiento
al trabajo futuro y despertar, de una vez, la tierra.
Y alguna vez ocurre. Después vuelve a callar con nosotros.




Fragmento de Fin de fantasía. Cesare Pavese.




Cesare Pavese. Poesías completas. Visor. 2008 

Tu espacio





He colonizado este espacio
y hasta tus espejos me pertenecen.
Solo, acaso con un par de gatos
que me merodean desconfiados, vivo
perplejo entre tus objetos: la cama
dura como un tocino de cielo,
dos rosas resecas, calcetines, tangas,
libros y el pequeño cactus bicéfalo
que casi hemos dejado morir
sobre la estantería.


Tu recuerdo aplasta las paredes.
El espejo nos lanza juntos,
jugando a ser inmortales
cuando tantas veces
sobrevolamos las sábanas
y las horas.


Ahora, cada vez más,
pienso que siempre hemos muerto
como héroes arrebatados por el deseo,
como rocas, como lo inmutable,
haciendo del mundo
un lugar pequeño
limpio
           perfecto.



Perfección desperdiciada (poema de John Updike)


Y otra cosa deplorable acerca de la muerte
es la desaparición de tu propia marca de magia,
que te llevó toda una vida desarrollar y comercializar:
las ocurrencias, los chistes, el punto de vista
amoldado a unos pocos, aquellos seres queridos más cercanos
al escenario, sus suaves rostros blanqueados
por el resplandor de las candilejas, su risa al borde de las lágrimas,
lágrimas que se confunden con sus pendientes de diamantes,
su cálido aliento compartido al compás de los latidos de tu corazón,
su respuesta y tu actuación hermanadas.
Las bromas por teléfono. Los recuerdos
comprimidos en el archivo de acceso rápido. El acto en su totalidad.
¿Quién lo representará de nuevo? Muy sencillo: nadie;
imitadores y descendientes no son lo mismo.

John Updike (Reading, 1932-Beverly Farms, 2009), Collected Poems: 1953-1993, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2001

Versión de Jonio González



Aniversario difuso





Jamás pretendí
que mi indiferencia
se volviese un monstruo pesado
incapacitándome para infinidad de acciones,
especialmente para el olvido.


Nunca vi más allá
de los pasos lógicos,
casi nunca más allá
del humor con intermitencias o los días
en que el frío era un estorbo
para la poesía.


Ya a destiempo vivo
en la ciudad sin sueño
donde todas las noches
eran promesas que nunca creí


y los perros andaban solitarios
como vagabundos budistas
por las calles sin tráfico y las colinas.
Con tristeza volvían
sus ojos amarillos
para contemplar por un instante
la bella ciudad ardiendo
entre la bruma.



Lhasa de Sela___Is anything wrong

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos los adoquines de las plazas y las fuentes y nos apiadamos de los perritos de mirada triste que pasean acompañados de una correa y un dueño o nos compadecemos de las modas y la horteridad interminable que también aquí se manifiesta. Pero sobre todo ese autor describiría por alto, conmovido por nuestra misma ilusión, cómo nos reímos hasta caer sentados, sobre todo cómo nos reímos. Extasiados, casi ciegos, casi desmemoriados. Cómo nos reímos como si hubiéramos nacido para esos instantes en que nos revolcamos sobre los campos situados en la colina del continente, lugar sin duda privilegiado desde donde se puede ver toda la falsa tersura del atlántico y hasta, posiblemente, los percebes del otro lado, los pantalanes del puerto de Manhattan, el recuerdo que tenemos de nuestra vecina Nueva York al otro lado del océano.

Es la única palabra ahora mismo contra el aburrimiento provocado por un mediodía que hubiera podido ser mucho más, el mediodía venido a menos cuyo potencial se ha frenado por esto que podría llamarse rutina, por este tedio insoportable que también, por unos momentos desaparece en la lectura bajo el sol, bajo cualquier sol, de los poemas maravillosos de Cesare Pavese.

Samuel Riba y la simpatía



(SIMPÁTICO)
No puede sentirse mejor. Ha logrado lo que venía buscando: comenzar a caer al otro lado. Está por fin en una geografía donde reina la extrañeza y también -para él al menos- el misterio. Y nota que la alegría que rodea a todo lo nuevo le está haciendo casi volver a ver con entusiasmo el mundo. En países como éste, uno se puede reinventar, se abren horizontes mentales.
Tiene la impresión de que absolutamente todo es nuevo para él, hasta los pasos que da, la tierra que pisa, el aire que respira. Si todo el mundo comprendiera que de repente todo puede ser nuevo a nuestro alrededor, no necesitaríamos ni siquiera perder el tiempo pensando en la muerte.
Dublinesca. Enrique Vila-Matas




(PARASIMPÁTICO)
"Ambition fluctuate... and fade. People start things with a passion, but eventually they lose that initial drive and slow down. But imagine if you locked into that initial push, trough your entire life, never wavering..."
¿? 






Yo era ellos


Pasaba las fotografías rápidamente fijándome en los ojos de las personas como si examinando el pozo de sus pupilas pudiera yo diferenciar la naturaleza del enemigo. Al cabo de un instante me di cuenta de mi actitud ridícula de censor inutil y sancionador de conciencias. De que, con pose o no, todos ellos también eran yo mismo, seguramente con algún sueño o inquietud en sus mentes, con su propia lucha descendiendo en vaivén de un lado a otro, como una pluma que no llega jamás a tropezar en nada. La lucha, prefijada en la utopía o en las más altas aspiraciones, el escenario donde se desarrollan los sueños donde uno querría quedarse a vivir. 
Yo era ellos, yo podía entender sus coordenadas en el campo de batalla, las de unos y otros, porque yo también albergo en mitad del pecho una escena sin paredes de tiempo, un objetivo: la lectura pausada de un solo libro bajo un cielo de acuarela azul. El silencio inquieto de un río que amasa las arenas del mar a través de los años.

Silencio revolucionario


Esas tiras de luz
son la veladura de la tarde
patinando sobre este cielo,
quizás desde el cielo particular
de la ciudad donde vives.

La luz que envías
se recibe en este Oeste
como el derrape de un rio
cuya presa ha estallado
de golpe en las montañas.

Los árboles desnudos del parque
no pueden ser otra cosa que iconos
de una revolución tenue
amparada por el silencio.

Dime, a qué hora oscurecen
los campanarios en tus oidos,
cuándo levantarás tus ojos del libro
para que tu pensamiento 
se desmaye de nuevo sobre mí.
 

Los pasos ciegos



Y llegó la mañana que te superpuso
en las coordenadas más sagradas
de mi agenda.
A favor de viento
siseábamos juntos
in a river that smells like the sea*
y las palabras llegaban al mar
y el mar daba nombre al río
-y ahora estarás sonriendo-


Se confabuló la playa
para ser perfectamente
imperfecta.
Y tras unas huellas
de agua en la arena
de repente
se hizo lunes
un domingo a mediodía.


A la vuelta
tus ojos dejaron
de pertenecer a la luz,
y el viento te llevaba
y yo te llevaba 
y los pasos ciegos
y los pasos que veían
cosieron versos y saudade
durante todo el camino
hasta casa.








*The riberbank. Bardamu. Ecce Homo. 2011

Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...