Venus


Ayer
Venus apareció de forma única
prendido de un cielo metálico,
en algún punto del sur.
Él subía la cuesta afanosamente,
sin querer saber nada
de los extremos que estrangulan
el presente.
Se despidió del planeta,
elegante
como un faro
que alumbra las montañas.
Juró solemnemente
jamás olvidar
ese pensamiento agazapado
tras sus párpados.

Juego




Sangrar en bruto sobre un papel
dominando el instante, el puzzle,
la tipografía.
Juegas a componer el tiempo,
a izar tu memoria 
como una esfinge
para hacerte simbólicamente
con el territorio ignoto
al que has llegado arrastrándote.

Sucumbe a descubrir,
a crecer con la poesía:
el fruto más sublime
de tus masturbaciones.

Canto solitario



Don´t stop believing___Clem Snide (versión de Journey)


Viajo solo, entretiempos.
Un tren cruza montañas nevadas
de memoria, valles, una frontera
que deja todo sin explicar.
Ahora, cuando las estaciones
son solo una,
te veo partir descalza
entre las humeantes brumas de septiembre.
Huye el recuerdo, los momentos
agrandados por el paso del tiempo,
la cima que son hoy,
una tempestad sentimental
de vagones vacíos y ausencias.
Sólo hay una estrella,
boca arriba, altísima, sobre el cielo de los parques,
aún hay cosas que debemos encontrar
buscando a tientas
en la nada.

Más


El peso de tu ausencia
violenta estos segundos
ganados a pulso
frente a un mar
con ínfulas de septiembre.
He cosido las aguas
con la música muy cerca
de mis oídos.
Te toca a ti ahora
balancearte por la memoria
hasta mí
y demostrar que nos une
más que un puente de palabras
y recuerdos 
Mucho más:
un nexo de amor
sutil
  y verdadero

Madrid-Granada


Olivos blancos, fantasmales campos. Agua y nieve se escapan en salpicaduras, diría lascivas, por debajo de las ruedas y yo tengo miedo de ser un snowboarder adormilado sobre el autobús. Me acuerdo de la guerra y el progreso mientras por la ventanilla se produce una sucesión violenta, una coreografía de once coches y diez colisiones (videojuego arcade, pantalla final, una vida) Y qué bonita la nieve y qué bonito el cambio climático (rápido Pekin! disparemos a las nubes!) Todo el arcén es diez o veinte centímetros de blanco. Otros dos coches parecen jugar al pin-pón separados por la barra quitamiendos y los olivos que ya no veo me hacen recordar a los Jackson Five de Serradilla mientras Cohen me susurra al oído serenatas de invierno y los coches anónimos parpadean en esta carretera del susto, quien sabe si de la muerte... Muchas familias (pepinos adelantando con la última de Pixar en el DVD) pasarán aquí la noche, muchos camioneros permanecen resignados en los rediles de nieve y en las gasolineras. ¿Qué sería de aquel camión rebosante de cerdos? ¿Y del conductor borracho que reclamaba pendular e insistentemente los dos carriles? ¿Eran el mismo?
 
Retorno es Las Virtudes a las 19:01, seis grados centígrados (que te crees tú eso), la promesa de un poema gélido o de un cuento corto, torpe, apurado, emulador de Autopista del sur. 

Nos paramos como constatando las constantes vitales, preguntándonos si será bueno para el tránsito crear una capa de hielo bajo el estatismo de las ruedas. Hay atasco ahora. En la ventanilla opuesta sí hay mucha nieve y desde allí hasta la luna roja del conductor se prevé por fin el colapso total y las palabras más allá de Cohen y el futuro incierto y blanco que no verá este escrito. Leonard sin graves, nieve, soledad en el asiento 23 (ventanilla) de un Madrid-Granada cualquiera



En algún momento de 2010, en alguna parte, camino del Sur

Revelación diaria


Agachado,
con las manos enjabonadas
me froto los dedos de los pies,
los talones, el empeine cubierto de vello, las falanges.
Velozmente,
como una mecánica,
el ritual celebra una ducha más,
una vida a menudo sustentada
en su propia introspección.

Resulta familiar
cómo los dedos distintos
se entrelazan
siempre del mismo modo
y siempre durante el mismo
tiempo determinado,
gestando así
un hábito, una liturgia.

Pronto recuerdo
que algún día no estaré
y que nunca más
podré comprobar
de esta peculiar forma
mi existencia.

He vivido lo suficiente
para tomar conciencia
de mi propia historia
con toda su colección
de rutinas, sorpresas y capitulaciones.

Pero jamás viviré lo bastante
como para olvidar
los grandes acontecimientos
y los momentos cotidianos,
los instantes recreados
en la memoria, las ruinas,
la gloria, la concepción sagrada
de lo que soy.

De ambos lo nuestro



De mí, tus ojos verde Torbas
ajustados al cielo de un poema.
De ti, mis cabos sueltos,
tu mirada clínica sobre las maldades
de mi cuerpo.

De ti, el suelo que fecundas y
tus llamadas en el mar arrebolado,
la risa que asola una escueta tristeza
al otro lado de las líneas.

De mí y de ti, los silencios ad hoc:
la cordillera que nos separa
repartida entre el trémulo
y los chubascos.

De ti y de mí, de nuevo,
las cucharas en la cama,
la carta blanca para vivir
con la tranquilidad que da
ser amado.

De nosotros el aura,
de ambos lo nuestro.
 

¿Sociedad? (Octavio Paz)

Nada ha existido, en el pasado de los hombres, que sea comparable a esta realidad abigarrada y, por decirlo así, repleta de sí misma. Repleta y vacía: ¿qué hay detrás de esa enorme variedad de productos y bienes que se ofrece a nuestra vista con una suerte de generosa impudicia? Riqueza fascinante, es decir, engañosa. Al  decirlo, no pienso en las injusticias y desigualdades de la sociedad norteamericana: aunque son muchas, son menos y menos graves que las nuestras y que las de la mayoría de las naciones. Digo riqueza engañosa no porque sea irreal sino porque me pregunto si una sociedad puede vivir encerrada en el círculo de producción y el consumo, el trabajo y el placer. Se dirá que esa situación no es única sino común a todos los países industriales. Es verdad, pero en los Estados Unidos, por ser la nación que ha ido más lejos en ese camino y ser así la más perfecta expresión de la modernidad, la situación ha llegado a su límite extremo. Además, en esa situación hay una nota única y que no aparece en las otras naciones.
Repito mi pregunta: ¿qué hay detrás de esa riqueza? No puedo responder: no encuentro nada, no hay nada. Me explico: todas las instituciones norteamericanas, su técnica, su ciencia, su energía, su educación son un medio, un para... La libertad, la democracia, el trabajo, el ingenio inventivo, la perseverancia, el respeto a la palabra empeñada, todo sirve, todo es un medio para obtener ¿qué? ¿La felicidad en esta vida, la salvación en la otra, el bien, la verdad, la sabiduría, el amor? Los fines últimos, que son los que de verdad cuentan porque son los que dan sentido a nuestra vida, no aparecen en el horizonte de los Estados Unidos. Existen, sí, pero son del dominio privado. Las preguntas y las respuestas sobre la vida y su sentido, la muerte y la otra vida, confiscadas tradicionalmente por las Iglesias y los Estados habían sido asuntos del dominio público. La gran novedad histórica de los Estados Unidos consiste en intentar devolverlas a la vida íntima de cada uno. Lo que hizo la Reforma protestante en la esfera de las creencias y los sentimientos religiosos, lo ha hecho la Unión Americana en la esfera secular. Inmensa novedad, cambio sin precedentes en el pasado: ¿que le queda a la acción del Estado, es decir, a la historia?


Octavio Paz. Fragmento de La democracia imperial, en Tiempo nublado. 1983

Andamios (Seamus Heaney)


Los albañiles, al comenzar un edificio,
Tienen mucho cuidado de probar los andamios;

Se aseguran de que en los puntos clave no se deslizarán las tablas,
Aseguran todas las escaleras, aprietan las juntas de tornillo.

Y, sin embargo, todo se viene abajo cuando la obra está acabada,
Dejando al descubierto muros seguros de piedra resistente.

Así que, querida, si a veces viejos puentes
Parecen romperse entre tú y yo

No temas. Podemos dejar que los andamios caigan,
Seguros de que hemos construido nuestro muro.


Seamus Heaney. Andamios. Muerte de un naturalista (1966)

-

Masons, when they start upon a building,
Are careful to test out the scaffolding;
 
Make sure that planks won’t slip at busy points,
Secure all ladders, tighten bolted joints.

And yet all this comes down when the job’s done
Showing off walls of sure and solid stone.

So if, my dear, there sometimes seem to be
Old bridges breaking between you and me

Never fear. We may let the scaffolds fall
Confident that we have built our wall.


Seamus Heaney. Scaffolding. Death of a Naturalist (1966)

Hablo de lo que somos




Llueve, madre. Aún es pronto.

Es una opción seguir errando
pero también lo es cambiar
y caminar juntos, hacer alguna de esas cosas
que nunca solíamos hacer:
ver los relámpagos caer como alambres
sobre el altar de hierro en la playa,
ir de la mano bajo las lunas de Lisboa en abril,
enseñar juegos a los niños, aprender de nuevo
un idioma, repasar los ríos y las canciones,
los nombres de las casas,
abrazarnos, contar secretos,
viajar.

El día de hoy está pidiendo
regresar, con esfuerzo, al corazón del Cioyo
o volver a rasgar con un cuchillo
las barbas de mejillones
atados a las rocas,
como haces para siempre
en esa vieja fotografía.

Mirar a la cámara, juntos esta vez,
contenidos, inquietos,
mirar al futuro, quedarnos
   así.




Primavera, río


Ya conviven los colores
en la curva del río.

Hace frío, la mañana
es implacable con los débiles.

El cauce arrastra un bloque denso
de niebla, una traída de montañas.

A la vuelta del muro,
el mar parece un corzo herido,
un quejido, algo quieto
que estalla.


Recogida de moras (Seamus Heaney)


A finales de agosto, después de mucha lluvia y mucho sol,
durante toda una semana, las moras maduraban.
Al principio sólo una, un cuajarón brillante y púrpura
entre las demás, rojas, verdes, duras como un nudo.
Te comías aquélla y su carne era dulce
como vino espesado: sangre de verano había en ella
dejando manchas en la lengua y ansia para
seguir comiendo. Después las rojas se oscurecían y aquel deseo
nos enviaba con frascos de leche, botes de guisantes y tarros de
   mermelada
adonde las zarzas arañaban y la hierba húmeda decoloraba nuestras
botas.
Alrededor de los campos de heno, de mieses y bancales de patatas
caminábamos y recogíamos hasta llenar los recipientes,
hasta que, cubierto el fondo con las verdes,
los botones oscuros ardían en lo alto
como una fuente de ojos. Nos escocían las manos
por las picaduras de las zarzas, teníamos las palmas pegajosas como
   las de Barba Azul.

Almacenábamos las bayas frescas en la vaquería.
Pero cuando la tina estaba llena y una tela de moho
color rata la cubría, nosotros las engullíamos en nuestro escondite.
También el jugo hedía. Una vez fuera del arbusto
el fruto fermentaba, la carne dulce se tornaba agria.
A mí siempre me hacía llorar. No era justo
que aquellos maravillosos tarros olieran a podrido.
Cada año esperaba que se conservaran, sabiendo que no lo harían.


Seamus Heaney. Recogida de moras. Muerte de un naturalista.

Casa en Hookena


[...] Por lo que toca a los adornos y bibelots, eran en extremo delicados: relojes de carillón y cajas de música, hombrecitos meneando la cabeza, libros llenos de dibujos, escudos de valía de todas las partes del mundo y los más divertidos rompecabezas para distraer el ocio de un hombre solitario. Y como a nadie le hubiera gustado tener una casa tan espaciosa para pasear solamente por ella y contemplarla, había unos balcones tan amplios que podían dar cabida a gusto a una ciudad entera. Por eso Keawe no sabía qué habitación preferir, si el pórtico de atrás, por donde penetraba la brisa de la montaña y que daba sobre los huertos y las flores, o el balcón del frente, desde donde se podía respirar aire del mar, contemplar la ladera de la montaña y vislumbrar el barco Hall en su viaje semanal entre Hookena y las colinas de Pele, o las goletas que navegaban por la costa en busca de madera, ava-ava y bananas. [...]


El diablillo de la botella. Cuentos de los mares del sur. Robert Louis Stevenson

14 de marzo


[...] Non, non é que no te escoite,
Escoito.
Só quero escoitarte,
pero no me preguntes o que dis.
Non podo facer dúas cosas al mesmo tempo:
entender e pensar en ti.
[...]

Mil. Manuel Rivas



Te han bastado diez minutos al teléfono
para ponerme contra la pared,
retratado por mis propios errores de estrategia
y por los hitos que marcas en cada frase tuya,
en cada asociación de esgrima, en los silencios.

Me desviste tu voz arropada al otro lado,
tu saber escuchar, el verme tan lejos
y que tú me encuentres casi al momento
como si la conversación fuese
un íntimo confeti de susurros
cayendo sobre la luz de la lámpara.

Tu risa de te verde, la forma en que pienso
y te escucho a la vez,
los porqués y sus respuestas liberadas,
la incógnita que despejas de regate
cuando en mi cabeza todo es un barullo
de quereres, de poderes, de escapismo,
de espejos.

Amarte y sus bifurcaciones.
Ésa fue mi llamada, de auxilio,
y no hay distancia ni prisiones
capaces de deshacer tu gesta.


De fronteras (¿Cómo se puede vivir sin la nieve?)


Después de la cena vimos cómo se alzaba la luna raspando el monte de Sosas y aparecían en la nieve sombras muy vivas, oscuras y alargadas

Las noches árticas. Del blog Fil&don (Noroeste leonés)

Retrato

Quando a tarde passa
Abre-se outra porta
Se um morcego voa a estrela desponta

Ser de hoje ou de sempre
nada disso importa
todo o tempo corre só por nossa conta

sair por praias brancas de velas queimadas
se perdi meus espacos ao longo da carreira

tive pais e filhos tive namoradas
e encontrei-me logo aqui mesmo á beira
jogo minhas cartas na mesa da vida
recolho moedas apenas também

alma incandescente
de frio transida

quem me dá certeza que o livro nao tenho
o vinho bebido ao sangue juntando
e os frutos da terra descobri em mim

que ninguem me diga que morreu sem lei
que ninguem me diga que morreu assim


Retrato. Carlos do Carmo e Bernardo Sassetti

De cara a la esperanza


Salvo para un párrafo a negar
no he pensado ni un instante
en el palacio negro
saturado de intrigas y de máscaras.
No he visto pasar por mi mente
reloj alguno
ni huellas recientes,
ni mañanas grises de cemento
        frío.

Estoy de cara a la esperanza,
junto al fuego que destruye y crea,
estoy en la fuente que me trae
-granizo viento agua-

desde nubes bajas
como tobillos de volcán, oscuras
como el estómago vacío
de una ballena.

En los mares del sur, en Isla Negra,
en la vega del Porcía,
cercana pero extraña,
distinta, antigua, atávica.

Estoy entre el fuego y la literatura,
en el pasado elegido,
en un momento del río,
en Ainielle, en Comala, en
Roma.

Vale







¿Vale o no la pena, entonces, escribir esto, leerlo, transmitirlo, entrar en una acción donde la libre palabra muestra inequívocamente su eficacia? ¿Vale o no la pena repetir por todos los medios: Delenda Pinochet, y mostrar una vez más, mil veces más, por qué?

Julio Cortázar






Fragmento de ¿Vale la pena escribir esto? pp.271-274. Papeles inesperados


Foxos


Aunque nací en Foxos
en el exilio olvidé
sus vericuetos.

Hoy, el oleaje
quiere desmontar
las ensenadas.
El mar intenta penetrar
furiosamente en la roca
pero solo consigue volver
atrás, 
humillado en batido
de burbujas y salitre.

La mañana es benévola:
perdona el frío,
los miedos...

Los acantilados aguantan
impasibles
las tarascadas del tiempo
en sus costillas

Y a mí, que escribo
en cladestinidad,
también me moldea
su insistencia,
también me transforma.

Y es que he vuelto a casa,
a describir 
como un topógrafo
mis sentimientos,
a recorrer de nuevo los caminos,
a comparar las lluvias
del invierno.  

Soy (poema inédito en barrica de roble)



La cáscara de este mundo
son mis gateos y después mis correrías
y después mis baños
endulzados por las aguas de un río.
En mis mismos hombros
he de sujetar una cabeza alzada,
un cuerpo entero, la genealogía
oculta en las arrugas de mis manos.
Quien soy se encierra
en un pasado sin puertas.
Las huellas de mi camino
están ahí, siguen estando
en las marcas silentes
de un tiempo salvaje,
en el instante breve
de la memoria de mis pasos
despegándose de las arenas.




Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...