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Abro interrogación

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  Lana Del Rey - Fuck it I love you / The greatest Es breve la vida. Es un arrebato caprichoso. Es la última vez que veo los pesegueiros en flor, la noche de marzo, como una gasa que se posa sobre el asfalto y los caminos. Es este el último recuerdo. Será que se adivina el final en el reverdecer de los principios. Es esto la vida. Un reguero de pérdidas, una efeméride, una salva atropellada de emociones. Es una pregunta, es una respuesta. Cierro interrogación...

El paso cambiado

En el recuerdo complaciente se descuelgan las palabras, marchitas como las hojas declinantes de una planta abandonada por la luz.  El viento de estos días, que allouria , la lluvia ocasional,  el pajarillo de la madrugada en los jardines  de alguna ciudad o en el alambre de las antenas, con su descarado salmo de perpetua nostalgia. Todo emerge subido al clamor eterno de la primavera, esa que se estampa cíclicamente contra la misma desmemoria, el paso cambiado. La vida se escurre como un objeto que se resbala en febrero de entre las manos y cae finalmente en mayo y cuando queremos abrir los ojos para ver los añicos en el suelo...  nunca se ha roto. Solo ha desaparecido. Más tarde salimos de esa realidad y la canícula nos ha barrido como una tormenta solar.  Es el dos en uno estacional. La lección olvidada: el tiempo que se cae al vacío sin romperse jamás.

Epitafio adolescente en la tumba de Nick Cave

La vida se asemeja a un plan perpretado por Nick Cave, entre la dulzura y la violencia, entre la ternura y la ceremoniosa severidad. Al fondo, los sustratos inaccesibles de los años siempre están llamando a las puertas de un presente salpicado de ceniza y neones.

La memoria apuntalada

Podrían ser de hace treinta, cuarenta años, estos sonidos que apuntalan la memoria. Podría ser yo el árbol del bulevar desaparecido, la hiedra en el muro, el eco de los juegos crepusculares burlándose del tiempo. Podría ver el mundo desde un cristal diáfano, desaparecer cada día en el agujero milagroso de la noche. Podría ser de nuevo vergel y lluvia, oblicua luz, infinito cielo... Podría ser. Me bastaría esa blanda existencia para sobrevivir a la intemperie del olvido. Pero el presente es súbito como la califragía de un relámpago. En los costados cargo con el torpe, el innecesario peso de la nostalgia.

Ocasiones

Un baño en río limpio Un mensaje en las nubes Un despertar en abril

Haciendo cosquillas al pasado

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Tu voz modifica el momento y el paisaje. El dibujo fino de la luna en el cielo de metal. La seducción tras la ventana, el aire, la raza de los árboles... Busco y busco en mi índice de recuerdos donde -pensaba- no había más que inviernos. Ahora emerge una isla en la cuadrícula exasperada de nuestra historia. Y en esta atmósfera, entre un bosque de pinos y el mar al fondo, como una promesa, salta un interrogante sin eco, sin réplica: ¿cómo me has traído hasta aquí?

Primavera, río

Ya conviven los colores en la curva del río. Hace frío, la mañana es implacable con los débiles. El cauce arrastra un bloque denso de niebla, una traída de montañas. A la vuelta del muro, el mar parece un corzo herido, un quejido, algo quieto que estalla.

Mayo

El toro tras el manzano resultó ser sólo un cuerno dorado, muy fino, tirando con saña de la curva del mar fugitiva. Yo ya he muerto si los grillos callan, si las estrellas se bloquean de repente en un uno o un cero, si se extingue en nada el aroma vivo, tan superfluo, contemporizador de mayos y silencio. Los árboles en fotograma son también pasado y futuro, memoria, nunca ya, jamás delegaciones espurias de la muerte y del caos. Las casas guiñan amarilla luz en las ventanas y pasa el tren a lo lejos, entre bosques de castaños y recuerdo. Y después, al final, se esconde tras los tejados del oeste un Venus regado de silencio , y el viento pasa como un minutero que huye de ayer y los párpados se quedan adormecidos, como pequeños gorriones en mitad de la oscuridad y el olvido.

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos l...