29 mar. 2012

Despertar (Fin de fantasía. Cesare Pavese)

No tenemos más que esa virtud: comenzar
cada día la vida -ante la tierra,
bajo un cielo que calla-, esperando un despertar.
Se asombra alguien de que el alba implique tanto esfuerzo;
de despertar en despertar, una labor ha sido efectuada.
Pero vivimos solamente para darnos en un estremecimiento
al trabajo futuro y despertar, de una vez, la tierra.
Y alguna vez ocurre. Después vuelve a callar con nosotros.




Fragmento de Fin de fantasía. Cesare Pavese.




Cesare Pavese. Poesías completas. Visor. 2008 

20 mar. 2012

Tu espacio





He colonizado este espacio
y hasta tus espejos me pertenecen.
Solo, acaso con un par de gatos
que me merodean desconfiados, vivo
perplejo entre tus objetos: la cama
dura como un tocino de cielo,
dos rosas resecas, calcetines, tangas,
libros y el pequeño cactus bicéfalo
que casi hemos dejado morir
sobre la estantería.


Tu recuerdo aplasta las paredes.
El espejo nos lanza juntos,
jugando a ser inmortales
cuando tantas veces
sobrevolamos las sábanas
y las horas.


Ahora, cada vez más,
pienso que siempre hemos muerto
como héroes arrebatados por el deseo,
como rocas, como lo inmutable,
haciendo del mundo
un lugar pequeño
limpio
           perfecto.



19 mar. 2012

Perfección desperdiciada (poema de John Updike)


Y otra cosa deplorable acerca de la muerte
es la desaparición de tu propia marca de magia,
que te llevó toda una vida desarrollar y comercializar:
las ocurrencias, los chistes, el punto de vista
amoldado a unos pocos, aquellos seres queridos más cercanos
al escenario, sus suaves rostros blanqueados
por el resplandor de las candilejas, su risa al borde de las lágrimas,
lágrimas que se confunden con sus pendientes de diamantes,
su cálido aliento compartido al compás de los latidos de tu corazón,
su respuesta y tu actuación hermanadas.
Las bromas por teléfono. Los recuerdos
comprimidos en el archivo de acceso rápido. El acto en su totalidad.
¿Quién lo representará de nuevo? Muy sencillo: nadie;
imitadores y descendientes no son lo mismo.

John Updike (Reading, 1932-Beverly Farms, 2009), Collected Poems: 1953-1993, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2001

Versión de Jonio González



13 mar. 2012

Aniversario difuso





Jamás pretendí
que mi indiferencia
se volviese un monstruo pesado
incapacitándome para infinidad de acciones,
especialmente para el olvido.


Nunca vi más allá
de los pasos lógicos,
casi nunca más allá
del humor con intermitencias o los días
en que el frío era un estorbo
para la poesía.


Ya a destiempo vivo
en la ciudad sin sueño
donde todas las noches
eran promesas que nunca creí


y los perros andaban solitarios
como vagabundos budistas
por las calles sin tráfico y las colinas.
Con tristeza volvían
sus ojos amarillos
para contemplar por un instante
la bella ciudad ardiendo
entre la bruma.



Lhasa de Sela___Is anything wrong

9 mar. 2012

L i s b o a

Parecer ser que lo único que suena bien, en el sentido de que suena a azul y suena a atlántico y suena a brillo y suena a libertad, y, en definitiva, a mar, parece digo, que sea esa palabra tan aterciopelada. Esa palabra fresca, desnuda pero también exhuberante, frondosa, amable, azul, azul cobalto, azul celeste, azul nocturno, azul niebla, azul ópalo, azul tirando a índigo, azul aciano paleta de Vermeer, azul mar de luna de Munch, azul de ultramar. Está esperándonos la palabra, digo, para ir de la mano de la primavera, para ir todos, los vivos y los muertos, los animados y los inanimados, para transitar por el tiempo de sol como un grupo de amigos bellos y felices que no necesitara siquiera jactarse de la belleza ni de la felicidad, y como si alguien ulterior, un narrador quizás, contase sin muchos detalles cómo vamos recorriendo una ciudad al amanecer y al atardecer y cómo en las horas medias nos acurrucamos en los cafés o sacamos fotos a las flores o flores a las fotos o miramos los adoquines de las plazas y las fuentes y nos apiadamos de los perritos de mirada triste que pasean acompañados de una correa y un dueño o nos compadecemos de las modas y la horteridad interminable que también aquí se manifiesta. Pero sobre todo ese autor describiría por alto, conmovido por nuestra misma ilusión, cómo nos reímos hasta caer sentados, sobre todo cómo nos reímos. Extasiados, casi ciegos, casi desmemoriados. Cómo nos reímos como si hubiéramos nacido para esos instantes en que nos revolcamos sobre los campos situados en la colina del continente, lugar sin duda privilegiado desde donde se puede ver toda la falsa tersura del atlántico y hasta, posiblemente, los percebes del otro lado, los pantalanes del puerto de Manhattan, el recuerdo que tenemos de nuestra vecina Nueva York al otro lado del océano.

Es la única palabra ahora mismo contra el aburrimiento provocado por un mediodía que hubiera podido ser mucho más, el mediodía venido a menos cuyo potencial se ha frenado por esto que podría llamarse rutina, por este tedio insoportable que también, por unos momentos desaparece en la lectura bajo el sol, bajo cualquier sol, de los poemas maravillosos de Cesare Pavese.

8 mar. 2012

Camino



Vamos todos
derechos
al olvido



5 mar. 2012

Samuel Riba y la simpatía



(SIMPÁTICO)
No puede sentirse mejor. Ha logrado lo que venía buscando: comenzar a caer al otro lado. Está por fin en una geografía donde reina la extrañeza y también -para él al menos- el misterio. Y nota que la alegría que rodea a todo lo nuevo le está haciendo casi volver a ver con entusiasmo el mundo. En países como éste, uno se puede reinventar, se abren horizontes mentales.
Tiene la impresión de que absolutamente todo es nuevo para él, hasta los pasos que da, la tierra que pisa, el aire que respira. Si todo el mundo comprendiera que de repente todo puede ser nuevo a nuestro alrededor, no necesitaríamos ni siquiera perder el tiempo pensando en la muerte.
Dublinesca. Enrique Vila-Matas




(PARASIMPÁTICO)
"Ambition fluctuate... and fade. People start things with a passion, but eventually they lose that initial drive and slow down. But imagine if you locked into that initial push, trough your entire life, never wavering..."
¿? 






1 mar. 2012

Yo era ellos


Pasaba las fotografías rápidamente fijándome en los ojos de las personas como si examinando el pozo de sus pupilas pudiera yo diferenciar la naturaleza del enemigo. Al cabo de un instante me di cuenta de mi actitud ridícula de censor inutil y sancionador de conciencias. De que, con pose o no, todos ellos también eran yo mismo, seguramente con algún sueño o inquietud en sus mentes, con su propia lucha descendiendo en vaivén de un lado a otro, como una pluma que no llega jamás a tropezar en nada. La lucha, prefijada en la utopía o en las más altas aspiraciones, el escenario donde se desarrollan los sueños donde uno querría quedarse a vivir. 
Yo era ellos, yo podía entender sus coordenadas en el campo de batalla, las de unos y otros, porque yo también albergo en mitad del pecho una escena sin paredes de tiempo, un objetivo: la lectura pausada de un solo libro bajo un cielo de acuarela azul. El silencio inquieto de un río que amasa las arenas del mar a través de los años.