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Mostrando entradas de octubre, 2017

Tu ofrenda fue un reloj

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La memoria es tramposa y yo no recuerdo bien si aquel día quisiste dejarme tu reloj de pulsera o el cargador del móvil. En cualquier caso era algo práctico. Pero aquel detalle, sin especial importancia, se instaló para siempre a la cabeza de mis recuerdos. Octubre iba oscureciendo los días con nubes y frío, las noches ya estaban para ponerse el abrigo y aquel Pilar nosotros íbamos cogiendo el tono, temprano, tranquilamente sentados en el bar de la Plaza. Unas cuantas botellas vacías de Mahou sobre la mesa.


Recuerdo que una vez te vi en esa misma plaza, por motivos aciagos. Era antes pero después, ya no íbamos al colegio. Tu voz sonaba precipitadamente grave, de adolescente impaciente. Habías crecido por dentro, como un libro por el que pasan los años, pero tu pelo aún era rubio, tu complexión fuerte, fuerte también tu risa y las facciones de tu cara. Me impresionó tu adolescencia casi arrogante, porque la mía, ni en la voz ni en el bigote, no daba muestras aún de llegar a mi vida. Años…

Permanencia

Es denso el desánimo
respirado a bocanadas
de madera negra,
como la atmósfera febril
de nuestro planeta,
el pesado mirar hacia el horizonte...

Quizá hemos de resignarnos
a un mundo que agoniza
-ya sin disimulo pero también sin reacción-
con el hambre y el polvo
acechando en la esquina
del tiempo distante
y la efímera memoria.

Asqueado, asustado y triste,
pienso en todo esto,
sentado en el porche ceniciento
con un esbozo del Final
golpeándome en la cara
y en el pecho desnudo
que se enfrenta al viento
y al monte.
Mientras tanto, la luz enferma
se cuelga de mis párpados
como un fardo.

Pero la especie que represento
tiene un doblez de héroe,
tiene semillas, vocabulario,
juego, ingenio.
Tiene la resistencia a claudicar
y a soltar el grito perentorio,
ese que sellaría
-no lo hará, jamás-
el sueño de oro y hollín
con que se relamen
los pirómanos.

Sabed que son inútiles
vuestras acciones
y vana vuestra locura:
esta casa familiar
permanecerá incólume
mucho tiempo después
del paso depredador
de vuestra estirpe.