Cazando terodáctilos


Busco en las aventuras de mis sueños los dinosaurios que no soy de capaz de cazar en mi día a día, me arrastro entre bosques de antídotos agarrado tembloroso al fusil como si fuera la civilización entera lo que se está jugando en esta causa que es sólo mía. Me relajo en los pasos fronterizos, en las paradas forzadas, como cuando eramos niños y en nuestros juegos casa era la seguridad en toda su definición, pero no sabíamos, no podíamos ni imaginarnos que esa metáfora sería la suprema, la más importante nada más abandonar la infancia. Ahora las mareas son constantes y nada se termina nunca sino que todo se tambalea, continuamente, sin romperse, y a veces cuesta hasta respirar el oxígeno infinito en los acantilados que gobiernan el mar con esa posición de animal maltratado, servil y pétreo. Es una pena, tenemos la solución: aparece y desaparece en momentos de lucidez embriagadora, la soltamos, se la lleva el viento como una hoja y vuelve caprichosa boomerangueando en un zis zas zis zas, se aleja, sube y se entierra con caprichosa aleatoriedad, se pierde en el horizonte anaranjado de los atardeceres o en la quietud silenciosa de las estrellas. Al final nunca está y cuando sí está no estamos nosotros, siempre escondidos, siempre a destiempo, siempre errando en el historial ridículo de la vida.


Fin (de la nª parte)


Shot in the back of the head___Moby



Fluyen, bajan, suben los humores

por el corredor sin paredes
que nos atrapa
Se pierden, se alejan con brusquedad
Vuelven, burbujean sin cesar
queriendo salirse sin querer
de la nada extinta
Mi corazón cree en los vasos comunicantes
estabilizándose
Pero yo no veo nada de eso
Simplemente me lo imagino
Porque ya no estoy aquí
Y tan sólo puedo presentir
que se alejan opuestos
la voluntad y el dolor

Elefantes

Mamaaá!! Mamaaaá! grita I con la voz aún sumergida en las aguas de algún sueño extraviado en las reglas del subconsciente. Acaba de dar el primer paso para saltar de su pequeña cama reinada por peluches y mantas de colores. Llama a su madre sollozando con apremio, con la naturalidad que barniza todos los actos de los niños, necesita la presencia de su madre para salir definitivamente de la cama, su cama mágica, y empezar a diseñar un día de cascayos, bicicletas, puentes y escondites. Pero su madre no está. Sólo estoy yo encerrado en la quietud matutina de la casa. Sólo yo hastiado, sin saber que estoy a punto de asistir a un despertar nuevo, a punto de empaparme aunque sólo sea por unos instantes de un modo de vida que alguna vez practiqué pero al que no volveré con total seguridad. Me acerco a la cama, me siento a su lado y le digo que mamá no está, que está trabajando. Se produce un silencio de asimilación, oigo la respiración profunda y pausada, veo en la oscuridad su precioso cabello de niña revuelto manso sobre la almohada. I sigue con los ojos cerrados, encogida tiernamente en las sábanas, y con la voz llena de sueño me transmite la preciosa intersección de su vida y su noche:

Oh... Oh... tenemos que ir al río... a ver a los elefantes ¡Se bañan con la trompa!

La cabaña


"
Dijo Pascal que todo lo malo que le había ocurrido en la vida se debía a haber salido de su habitación. Se trata de un pensamiento muy certero, porque, bien mirado, todos los problemas que uno arrastra a lo largo de los años se derivan del hecho de haber abandonado aquella cabaña que un día montó en el jardín cuando era niño. El mito de la cabaña sigue teniendo hoy una fuerza extraordinaria. No hay escritor, artista famoso, político, hombre de negocios o banquero sacudido por el estrés que no sueñe con retirarse durante un tiempo a vivir en una cabaña lejos del mundo. Existen cabañas de muchas clases, según el subconsciente de cada uno; las hay de indio apache, de pastor, de leñador del bosque, de pescador escandinavo, de expedicionario perdido en el desierto, de náufrago en una isla de los mares del sur. Otras adoptan la forma de castillo medieval, con almena o sin almena, recias e inexpugnables. En todos los parques públicos y en los jardines de infancia se montan cabañas para que los niños jueguen a esconderse o a protegerse de unos enemigos imaginarios. Algunas son muy lujosas, pero ninguna se parece a aquella tan maravillosa y rudimentaria que construimos, cuando éramos niños, con cuatro palitroques y una empalizada de cañas en el desván, en el patio o entre las ramas de un árbol. La seguridad que nos daba aquella cabaña se perdió junto con nuestra inocencia. Un día dejamos de jugar. A partir de ese momento quedamos desguarecidos, solos en la intemperie, lejos del mundo de los sueños, frente a unos enemigos reales. Es evidente que estamos rodeados de basura por todas partes. A cualquier hora del día nunca deja uno de ser agredido por la sucia realidad, por un acto de barbarie o de fanatismo. Pero existen seres privilegiados, que son capaces todavía de montar a cualquier edad aquella cabaña de la niñez en el interior de su espíritu para hacerse imbatibles dentro de ella frente a la adversidad. Si uno la mantiene limpia es como si estuviera limpio todo el universo; si en su interior suena Bach la música invadirá también todas las esferas celestes. Este reducto está al alcance de cualquiera. Basta imaginar que es aquella cabaña en la que de niños nos sentíamos tan fuertes"

Manuel Vicent

Construyendo nevermore



Escena de Old Boy, de Park Chan Wook

Ploc, ploc, ploc, protesta insistente el goteo del inodoro. Soy pobre, ya hace un par de horas que no tengo paciencia ni estribos, el sentido humano se esfumó en el aire de la noche. Todo ello perdiendo dinero y sin darme cuenta de que mi virus es mi lucha

Por abrasión



Noches reversibles___Love of lesbian

Hacía mucho tiempo, si se le puede llamar tiempo a la sucesión idéntica de días y noches, que no sentía la benevolencia violenta e inesperada de esta tarde. Ese cariño, cómo llamarlo, secular, que se contamina y se repone cíclicamente, mermado en las conversaciones hostiles, alzado en las treguas que nos concedemos en alguna ocasión, cuando algunos astros se alinean en el cielo. Tan gastado de redifinirse quedó nuestro afecto que se borraron una a una las señales de amor, o lo que fuera, o fuese, y se quedó blanca e impoluta la cara oculta de nuestras vidas, tanto que casi apetecía escribir poemas breves y concisos sobre su superficie. Ahora estoy pensando que un nuevo estado de la cuestión es lo mejor que podía haber pasado para salir urgentemente de este estanque sombrío. Te propongo que me cuentes los pelos que tengo en el pecho y si salen más de 16 me olvido de ti.

Para siempre


Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...