Hogar



Han pasado los años
y la casa se ha vestido
de pena y alegría,
alternativamente,
cuando ha tocado.
El olor de los muebles
apenas ha cambiado
pero las almas, los niños,
las voces y las visitas
se han sucedido
modificando el hogar
bajo la sospecha
de un destino prescrito
desde el principio.
En las superficies reflectantes,
ventanas, espejos, cristales,
vitrinas, azulejos y televisores,
hay ahora otras figuras
que fijan extrañeza
en sus propias sombras.
En un ciclo han vuelto,
sin embargo, los gritos,
de todo tipo y tono.
Los silencios también
se atascan en el pasillo
y en los baños
sobre todo en las tardes de verano,
cada vez más cortas.
La higuera magnifica la casa.
La parra, próspera
y colmada de uvas
en la visera del tejado
sugiere un progreso
cuestionable.
Se sufre
concibiendo el tiempo
como una rémora
atada al interior
de un mismo.
De todos modos
tengo ventiocho años,
he vuelto a escribir
y eso me hace feliz
entre tanta miseria
metafísica.



Agosto


Agosto es un hervidero

en las provincias
Los días de mercado
las carnicerías están colapsadas
Los coches remarcan
las serpientes
de las carreteras en hilera
y en los arcenes hay
ejércitos de peregrinos torpes
cosiendo eses en bicicleta
sobre el trémulo
y los cambios de rasante.
A mediodía
el viento sacude los maizales
y los cables de la luz
se burlan de la acera
sobre los columpios.
Los niños juegan
a mentir como adultos
dentro de las casas,
castigados de aburrimiento,
como si se hubieran cansado
de reivindicar un tiempo
que no les tocó vivir.
Abajo, al final,
el mar se presenta como un refresco
o un beso de hielo,
una promesa celeste
que se mira en otras promesas,
blancas y grises, de espuma.
Aquí, al principio,
sonrío al imaginar
lo invariable de las rocas
en la playa,
las venas cavernosas del suelo
desgastándose imperceptiblemente
en el agua salada.



Tres céntimos de euro

...esta mañanita te has vestido
de felicidad...

Como el viento___Depedro


A este poema le falta
un prólogo de inercia,
varios estímulos, unas cuantas mañanas
más
de lluvia
y olor a muebles viejos.
Detrás faltan también risas y lágrimas,
libros, cuevas de espejos de piedra
en las calas de agua salada
allá a un kilómetro, en el mar.
Todo el abanico de factores ausentes
vale por tres besos certificados
-tres sirenas de plata sevillana-
en el exacto momento del descenso,
una canícula muy bella
y la desesperación por (no) sentirse
embriagado de una puta vez.
Esta moneda está oxidada
por el salitre de los días y la cobardía.
Pero pronto la podremos brillar
como se brillan las pequeñas manzanas rojas
al frotarlas contra la camiseta
en el jardín,
como la luz del sol alto golpeando
su risa contra el verso de las hojas,
como sentirse joven
en una casa semidestruída
pero desesperada por vivir
y despertarse sumida en sus ruinas
cada mañana


Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...