29 feb. 2012

Silencio revolucionario


Esas tiras de luz
son la veladura de la tarde
patinando sobre este cielo,
quizás desde el cielo particular
de la ciudad donde vives.

La luz que envías
se recibe en este Oeste
como el derrape de un rio
cuya presa ha estallado
de golpe en las montañas.

Los árboles desnudos del parque
no pueden ser otra cosa que iconos
de una revolución tenue
amparada por el silencio.

Dime, a qué hora oscurecen
los campanarios en tus oidos,
cuándo levantarás tus ojos del libro
para que tu pensamiento 
se desmaye de nuevo sobre mí.
 

28 feb. 2012

Cuestión de límites


Mi distancia le declara
la guerra a tu distancia.




13 feb. 2012

Los pasos ciegos



Y llegó la mañana que te superpuso
en las coordenadas más sagradas
de mi agenda.
A favor de viento
siseábamos juntos
in a river that smells like the sea*
y las palabras llegaban al mar
y el mar daba nombre al río
-y ahora estarás sonriendo-


Se confabuló la playa
para ser perfectamente
imperfecta.
Y tras unas huellas
de agua en la arena
de repente
se hizo lunes
un domingo a mediodía.


A la vuelta
tus ojos dejaron
de pertenecer a la luz,
y el viento te llevaba
y yo te llevaba 
y los pasos ciegos
y los pasos que veían
cosieron versos y saudade
durante todo el camino
hasta casa.








*The riberbank. Bardamu. Ecce Homo. 2011

10 feb. 2012

Nada


Que la nada que tenga
sea toda
para ti


7 feb. 2012

Soltura (poema de Ramón Andrés)

Soltura
 

En no ser recordado estará mi recuerdo,
en el sol que contrae la teja y en la avispa
que aprovecha la casa donde vivió la alondra,
en la niebla que falta para que el horizonte
imante lejanías y curve sus laderas.
La cereza robada, el rastro del hurón,
los árboles que forman emblemas de un bestiario,
el rebaño y el viento rodando como un huso
para bajar la lana al frío de los pueblos,
cabrán en cualquier mano.
                                      No seré recordado.
Bienhallado el olvido. Se juntará la estrella
con el rincón del liquen, así crecieron frondas,
en todo habrá cimiento, y yo tendré los rasgos
de otra raza, la edad jamás dada a los hombres.
Se perderán galaxias como yerba arrancada
por el corzo nevado, y el trébol vivirá
con la estela pisada, se astillará la lluvia,
la cresta de los gallos cortará en su vaivén
los haces de la aurora, el eco desgajado
del nogal y el enebro, la camisa tendida
con los puños del cierzo.
                                   No seré recordado.
Me suplirán los techos, la silla, la leñera,
el remolino de hojas que asciende sus caminos
buscándose en los troncos. Y yo no existiré,
porque nunca fui más que el huésped de las garzas,
el salitre en la cruz de una ermita costera,
la pala acostumbrada a franquear el fuego
para obtener el pan. No seré recordado,
me abrirá paso el águila festejando la nada,
nadie preguntará quién podó los frutales,
quién viene tropezando en la inmortalidad.


Ramón Andrés
(Pamplona, 1955), La amplitud del límite, DVD Ediciones, Barcelona, 2000

leído en Otra iglesia es imposible

6 feb. 2012

Lluvia, domingo



Y allí estábamos con la ventana abierta y las sábanas a flor de piel. Recordábamos canciones de lluvia mientras olíamos lluvia y veíamos agua de lluvia a través de las cortinas grises. Días atrás, en la ducha, frotaba los dedos mojados y un montón de ranas asomaban por la mampara haciéndote sonreir. También hubo lluvia entonces. La lluvia alegre que resbaló por tu cuerpo para llegar irremediablemente al cielo. La lluvia que nos recoge con su olor y su memoria de relámpago y nos hace ser más humanos.