La revelación

Hubo un día en el que estuvo a punto de derrotar a su monstruo particular. Sucedió de mañana, cuando suceden la mayoría de los acontecimientos que las personas suelen ignorar. Caminaba absorto pero de paso firme sobre una gruesa moqueta de nieve. Un silencio compacto y gélido sincronizaba la caida incesante de copos y restringía su percepción del mundo únicamente a los 20 grados de visión cuyo vértice partía del centro de sus ojos. Cuando se encontró lejos, muy lejos de aquel páramo, su corazón atenuó el ritmo de los latidos, gradualmente, hasta que se estabilizó en un bombeo básico, un chun chun de alerta, de precaución. Volvió al presente de la misma forma que renacía en pleno crepúsculo de la conciencia al despertarse de sus sueños de 11 y 12 minutos.

Y también regresó al páramo de nieve virgen. Se giró y vio sus pisadas que se alejaban en el camino de la mañana, y supo que la nieve las estaba sepultando en capas consecutivas de frío y cristal. Sintió un fastidio por ello y decidió huir al sol cenital que adornaba el cielo. Cuando bajó la vista tuvo que aplacar la reminiscencia solar cerrando los párpados con impaciencia. Y así, en la quietud de la reciente imagen invernal comprendió que hay caminos que no se pueden desandar, que lo ya vivido es sumamente complicado de reproducir. Después siguió su senda y olvidó la revelación que la mañana le había concedido.

Basado en la canción Monstruos de Elvira

Impasible




Es curioso,
y preocupante:
Todo va de mal en peor
Y sin embargo
sigue girando

Impasible


Hay sólo un paso de la autocrítica al fuck myself



De género misántropo
es mejor no posar ninguno de los dos pies al levantarse por la mañana. Mi tesis de vida es dar descanso al alma justo en el momento en el que te lo pida el cuerpo y tener en cuenta las deficiencias morales, sobre todo las que desatan incendios de puertas adentro.



Es lo que hay


Hay un universo

Y miles de millones
de distancias
que fluctuan
Que tallan el todo más abismal
y que danzan
en torno a un eje
que ya conoceis

Hay una ecuación rigurosa en el cielo
Y los astros
son bellas claúsulas
Infinitas e indescifrables

(En fin)

Hay una incógnita, un camino

Y al término

un punto de enigmática belleza


La culminación definitiva


De un proyecto


Sin borradores ni ensayos


Creado a partir de la más absoluta nada

Kiss and drive

Cartel de A perfect day___Joana Hadjithomas & Khalil Joreige

Aunque sean expresiones correspondientes a ámbitos distintos creo que qué bien conduces viene a significar lo mismo que qué bien besas (sobre todo si están dichas por la misma persona) Ambos mensajes encierran dos habilidades que tienen que ver con la delicadeza y con el ritmo, pero también con la decisión, con la seguridad y con la velocidad

Arrebato


¿Sabes ese momento en el que vas andando con rumbo o sin él ensimismado en una canción que entra en ti por los oídos y sale de ti por la respiración adaptando todas las sensaciones a la visión del atardecer y recapitulando algo yo qué sé será la vida en un solo y preciso instante que hace que te desmarques brevísimamente de tu conciencia y acudas desnudo y libre a la violación brutal del presente?


¿Sabes?

A veces creo que nada tiene sentido


"No sé, todo esto tiene algo que ver con la humanidad en general ¿comprende? Recuerdo que días antes de pintarla había leído que en un campo de concentración alguien pidió de comer y lo obligaron a comerse una rata vida. A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de colores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil"


El túnel___Ernesto Sabato

Anna y la luz



Anna llegó a casa con decisión palíndroma. La dirigí al salón y allí vió la ventana y las feas cortinas.
Ahí lo tienes, empecé.
Me miró, miró de nuevo la estampa y después hizo un levísimo gesto de disgusto, de decepción.
Intenté arreglarlo:

Deberías ver esta ventana desde la ventana de tu navegador
, le dije.

No importa
, contestó sin dejar de estudiar el encargo.

Lo que pasa es que hay demasiada luz...
Y mis ventanas tienen las persianas cerradas porque..
.

Dejó pasar un silencio y añadió:

Porque me gustan los rayos de luz colándose por los infinitos ojos de las persianas.

Durante un minuto estuvimos absortos en la ventana y en la lluvia.
En un gesto estudiado ladeé la cabeza y le dije:

Es una cuestión de opacidad.
Apenas había terminado de hablar se rió tímidamente y susurró casi para si misma:
No importa


Gracias
Y cogió carrerilla, respiró hondo y de un salto cruzó la luz oblicua que entraba por la ventana y desapareció en la tarde luminosa y mojada.

Dedicado a Anna (Equinoccio de febrero)

No tengo el tórax de titanio


Estaba ido. De aquí para allá bailando con el balón y con el espacio con una vitalidad infantil. Y volea para arriba, y control con la puntera, regates imaginarios, giros, cambios de ritmo, bicicletas. El sol sin dolor se filtraba por el vacío que permitían dos edificios y un eco más propio de un bosque que de un barrio residencial entonaba a lo largo del parque. Cuando pasé la primera vía ya no pensaba en el percance de la estación. No tenía sentido. Siempre iba desquiciarme con la inoperancia de esa gente. No merecía la pena. Y además estaba contento. Que no feliz. Y entonces se abrió el telón, o se cerró, y mi menté se fue más lejos. A un lugar común. Allí donde terminaron tus sonrisas. Entonces Fanjul centró desde el córner, de rosca, de los que el dolor violento en la frente se alivia con el sonido del cuero rozando la malla. No iba mal, a medio metro de mi cabeza. Salté, a lo Zamorano, piernas abiertas, cuello arqueado. Y entonces pasó el revisor, justo en la veintitres y saqué el billete de entre las páginas de Demian. En un libro tan corto es imposible perder un billete de tren. Aunque no era la primera vez. El año pasado tardé casi cinco minutos en encontrar el puto ticket que se había perdido en la setenta y ocho de Las horas. La revisora debió de pensar que era un terrorista. Y sí, rematé con fuerza pero salió alto, rozando la escuadra derecha. Grité y la euforia sonaba a épocas pasadas, cuando las tardes conservaban tonos amarillos y naranjas. Le dije que la mandara al otro área y corrí como si persiguiera a una presa. Cuando no compites más que contigo mismo todo es más fácil. Y entonces miré hacia arriba y vi la luna muy a lo alto, majestuosa pero inquisitiva, su luz atrevida bañando la habitación colándose con picardía en las sombras, las paredes pintadas de plata. La mirada lunar. Posé mis ojos en su figura mansa y coqueta. La luna, al contrario del sol, se deja mirar, seduce con su brillo para siempre extraño. Nunca conseguiremos deshechizarnos del embrujo de la dama de plata. Miré la hora y en la esfera blanca tres agujas ostensiblemente quietas se aliaban con el sin rumbo del tren dejándome no sólo sin espacio sino también sin tiempo. Y a balón parado, la respiración entrecortada. Nunca supe tirar las faltas, creo que hace falta tener un pie en condiciones. Además nunca chuté muy fuerte. Sin embargo me gusta pegar dirigiendo el balón con cadencia. A colocar como se dice. Chuté con el interior imprimiendo potencia con el principio del empeine. El balón se fue, sonriendo, soñando con la escuadra, asegurando incluso un palo gol, rotando sobre una línea que lo atravesaba. Lo perdí de vista cuando oí el fuerte silbato del tren antes de perderse en la penumbra de un túnel. Llevaba una hora de viaje, entonces pensé en la reflexión de Eric y sentí un desamparo emocionante. Recuerdo nuestros momentos dramáticos con una tristeza nostálgica que me alivia durante un momento intensamente breve. La tarde noche en el muelle, sintiendo el principio del final bajo el arullo de las aguas. Nuestra mirada que se acercaba hasta vernos las lágrimas y el único ojo de cíclope de Rayuela. El silencio de la pesadumbre, las sonrisas que quieren salir y acaban formándose como muecas. Tus ojos húmedos. Reflejando todo tu interior. Y la luz lunar violándolos. Siento todo aquello porque pertenece a uno de esos pocos momentos que no se van, que siempre están ahí. Por lo demás he de decir que no tengo miedo a controlar con el pecho un balón que viene desde treinta o cincuenta metros arriba. Por muy duro que esté. No quiero decir que tenga el tórax de titanio pero si sabes la técnica únicamente te duelen los cinco primeros. Siempre asocié el fútbol con la contundencia, con la fuerza. Es porque siempre fui de los más pequeños del equipo, a pesar de ser de los más grandes en edad. En el primer año de cadetes llevas más ostias que nadie. Al final todo se suple con lo que tengas a mano. Y quieras que no los tienes presentes y afloran aprovechando las flaquezas de algunas noches o la fiebre que acude cada cierto tiempo. Son momentos que dudarías olvidar aunque tuvieras el poder para hacerlo. Constituyen los tres o cuatro o cinco pilares sobre los que se asienta tu vida, tu pasado. Busqué esas marcas del tiempo y la vida en mis manos blancas y sentí la luz lejana en los huecos de las arrugas. La luz lejana. Y en la quietud de mi intimidad saboreé la velada. Pensé en Sparks en High speed pero deseché la opción de la música abriendo la ventana y disfrutando del sonido intrínseco de la noche. Aspiré hondo, sentí. Cuando llegamos a uno de los pueblos de montaña saqué la música, pensé en el Parachutes pero deseché esa opción por falta de intimidad. Parachutes es sólo para la soledad de la habitación. Y Fanjul que seguía centrando desde la izquierda, es decir, con la rosca hacia la portería. Y yo cabeceando, engachándola de volea, mandándola al carajo. Más de una vez me fui descojonando a buscar el balón muy lejos. Hasta un punto al cual desconocía si quería llegar. Me levanté a estirar las piernas y cambié de vagón. La puerta quedó entreabierta dejando paso al ruido del exterior. Fui consciente de ello y durante un instanté que nunca se vio finalizado pensé en cerrarla. Pero no quise cerrar las puertas. Y cada poco vuelvo a esos lugares comunes. A perderme en el entramado de los cuatro o cinco o seis puntos que conforman mi pasado, con la esperanza de no encontrarme más allá de la línea de fuera de juego, de un juego contra mi mismo.

Márgenes

Por no saber explicarme los odié intensamente. Sentía latidos de calor en las sienes mientras pensaba que podría haberme escudado en la atrayente tentación de una mentira. Pero decidí seguir un camino a base de convicción y empatía. Entonces les dije que cuando uno da su opinión tiene que dejar un margen de cuestionamiento a sí mismo y a sus ideas. Una especie de garantía de la que echar mano en situaciones de retracción. Lo expliqué despacio, mirándoles serenamente a los ojos, pero ellos avivaron la llama con burla y desprecio y me tomaron por loco... o débil. Ahora, con la sangre más fría me odio a mí mismo por usar a la ligera el poder de la redención, por jugar de antemano con tramposos, por meterme en bucles de humillación.

Sin más

"Semos malos"

¿Os acordais del soplapollas de Fred Durst y sus Limp Bizkit? Esos tíos sí que sabían odiar los cabrones. Bueno, eso, pero es que además eran odiosos. Siempre de mala ostia escupiendo motherfuckers y fucks y shiiiits y siempre con pinta de malotes.
Con chándal y malotes. Tú veías un video de los Bizkit y una de dos:

a) los adorabas, porque te parecían la polla machorra
b) los odiabas, porque te parecían un coñazo

Y ahí lo dejo.

Por cierto, yo los odiaba.

Me acuerdo de uno de los múltiples años que ejercí como alumno de 2º de bachiller. Ese año sólo tenía dos asignaturas. Iba a clase esas dos horas y luego me iba para un bar/sala de juegos de Tapia. Allí echábamos una partida al PuzzleBubble, o dos o tres, y luego nos tomábamos un café al amparo de los videoclips de la MTV. Eran tiempos de los Bizkit, Christina Aguilera y las Sugababes (qué grande Overload), tiempos de jugar a las cartas con memoria RAM y de nihilismo de gomina y pantalones anchos. Eran otros tiempos, la verdad.

Y la verdad que no sé a donde quiero llegar. Creo que la excusa era Limp Bizkit...

Igual me estoy quedando sin ideas de odio.
Igual es/son la/las mahou/s de litro.

Bravo


"Bravo, permíteme aplaudir por tu forma de herir mis sentimientos. Bravo, te vuelvo a repetir, por tus falsos e infames juramentos. Todo aquello que te di en nuestra intimidad, tan bello, ¿quién me iba a decir que lo habrías de volcar en sufrimiento? Te odio tanto, que yo mismo me espanto de mi forma de odiar. Deseo que después de que mueras, no haya para ti un lugar. El infierno es un cielo comparado con tu alma, y que Dios me perdone, por desear que ni muerta tengas calma. Bravo, permíteme aplaudir por tu forma de herir mis sentimientos."

Bravo__Vegas&Bunbury___El tiempo de las cerezas

Hate at supermarket


¿Quieres las siete? pregunté educadamente

Ella se calló, altivamente, se dio la vuelta y me devolvió tres con tres céntimos cara de perro menos una sonrisa.
Entonces sentí un calor, como un odio, y cinco o seis santos bajando del cielo

The pretender. Soy el enemigo. Odio



"I'm the voice inside your head
You refuse to hear
I'm the face that you have to face
Mirrored in your stare
I'm what's left, I'm what's right
I'm the enemy
I'm the hand that will take you down
Bring you to your knees"


The Pretender___Foo Fighters

Odio. Teoria

Amor_______________________________Odio

No tengo sentimientos de odio frecuentemente. Por lo menos en un estado consciente. Puede que algún tipo de odio pesado y latente se esté gestando lentamente en mí, pero por el momento no ha llegado a representarse en mi mente. Es más, estoy seguro de que existe pero todavía no llegó el momento de su despertar...

A la gente que odia a todo y a todos se la cata fácilmente. La gente que odia
esporádicamente es perceptible justo en el momento de acto de odio. Y la gente, como yo, que no odia casi nunca pasa desapercibida frente a los demás.

Yo no odio casi nunca. Tengo ese defecto o esa virtud.

Lo mío es la ira.


La ira. Esa explosión salvaje (vinculada al odio) que se va cocinando día tras día en la cotidianeidad (pero también, por ejemplo, en la
visión retrospectiva de la historia o de la misma vida). Creo sinceramente que uno no se siente a gusto odiando. Por el contrario, uno sí se desgañita con satisfacción en los ataques iracundos porque, aparte de llevar encima ese torrente de odio lo manifiesta con contundencia. Así, creo que la ira es al odio lo que un momento repentino y sublime de felicidad es al amor...

Y a eso voy.
Creo que odio y amor son el mismo concepto. Sí, puede que sea una idea sentimental pero así es cómo lo veo ahora mismo. Creo que el amor y el odio son los dos extremos de una misma línea y creo que cuando sentimos amor u odio estamos sintiendo un grado de algo difícilmente explicable que sucede en nuestra relación con el entorno, las personas, los animales, las máquinas o nosotros mismos. Por eso, si no sonara terriblemente absurdo, se podría decir que cuando odiamos a alguien lo que estamos sintiendo es un amor vertiginosamente mínimo por él o ella. Y viceversa.

Puede que al cabo de un tiempo vea esta teoría pobretona y austera de barra de bar como un artificio de encargo. Pero, hoy por hoy (¿quién dice que las creencias y las certidumbres son para siempre?) me viene bien como punto de partida para una serie de posts de odiosa temática.

Un saludo a tod@s

Breath (pre-odio)


En esta habitación
A veces se revuelve el tiempo
La música
La imaginación

Se suceden las estaciones y los colores
Llegan como ecos
Impulsos de vida y de pasión
Y tú y yo
Estamos juntos
Flanqueando este árbol

Estamos de acuerdo
Los dos
En dejar que nuestro dios se desentienda de nosotros
Para poder empezar a vivir
A morir

Mucho cuidado

"Te quiero" se oyó decir, dejándola cortada." Bueno, no pienso aprovecharme de la situación- dijo al fin, enormemente complacida-. Es evidente que estás trastornado. Tienes suerte de que no estemos en uno de nuestros grandes hospitales públicos, porque allí ponen a los majaras al lado de los drogadictos, y en las salas hay tanto tráfico que los pobres esquizos adquieren malos hábitos. De todos modos, si vuelves a decírmelo dentro de cuarenta días, mucho cuidado, porque quizás entonces lo tome en serio. Esto de ahora podría ser una enfermedad"

Los versos satánicos___Salman Rushdie

Sienta aquí






Sienta aquí. Y sólo sienta.
Es decir, déjese


Creo que no necesita nada más

...



Ni él mismo entiende lo que piensa cuando...

...a veces se acuerda de una comedia en la que dos tíos trabajan en un taller en el sótano más profundo de un moderno rascacielos. Mientras ellos sufren con mejor o peor humor el frío y otras penurias propias del subsuelo, el jefazo, el soberbio magnate de la multinacional, domina la ciudad brumosa con su mirada altiva que atraviesa el ventanal en la cúpula del edificio…

Después de recrear durante un instante el irónico contraste de la película se imagina a si mismo soportando todo el peso del mundo, encerrado en una habitación lúgubre y fría que no puede dejar de identificar con su yo interior. Y así, con estos simples elementos, desnuda al mundo de su frivolidad y se da de frente con el cruel y patético panorama. Y todo gracias a la recia estructura de una metáfora y su capacidad líquida para adaptarse a tantas y tantas formas…

Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...