El globo


Coge un globo naranja de los del cumpleaños. Está sucio y mustio. Decide que le queda una última misión, un viaje divertido para compensar días y noches de paciencia estática. Con un bolígrafo le pinta unas letras trémulas e irregulares que dicen "Sé feliz". Se acerca con él a la ventana y con un sentimiento de despedida perentoria lo deja ir. El globo desciende, sube, flota. Es zarandeado por la brisa, manipulado traviesa e inteligentemente por la fuerza invisible. Allá va el globo con un mensaje y su sonrisa de goma. Cae al césped y juguetea buscando un receptor, un niño, un espejo. Acaricia la hierba, las baldosas de la calzada. Bota en el jardín cuadrado, rebota inconsciente, desbocado, hasta que algo lo revienta inesperadamente en un gran bang.

Desde allí arriba oye el ruido sordo y último. Siente un final precipitado y brusco. Apesadumbrado cierra la ventana, se tumba en la cama y absorto en el espacio vacío del globo se duerme.

1 comentario:

JORGE MASEDA dijo...

donde se te ocurren estas cosas? increible, estupendo...!
Véndeme tu cerebro Tin!
o si no, escríbeme uno de esos globos!
;-) Max

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