4:51 am: frente al mundo


Todo apuntaba a un libro laberíntico, casi diríase que borgiano. Por el cajo y en la base del lomo el cuero terminaba áspero, erosionado así por los años y las manos. En la boca, la cabezada estaba cosida profesionalmente, quizá por un artesano cualificado o por los hombres-correo que escondían allí mensajes secretos y poemas. En la hoja de guarda, una no-palabra encabezaba el volumen, así:

“Tawctbb.Ootinrt”

Terminó el café extrañado y febril escuchando a Mahler por los auriculares. Después recogió la mesa y salió a fumar. Afuera, el claro de luna satinaba la acera y los silencios. Entró de nuevo y volvió al libro impetuosamente. De golpe su curiosidad se disipó como la ramificación de un relámpago: en la página 107 leyó su propio pasado inmediato: “La puerta se abrió y se cerró. Montag se encontró otra vez en la oscura calle, frente al mundo”



Lo escribí hace unos meses, inspirado en la lectura de Fahrenheit 451. Lo presenté a un concurso de microrrelatos pero, por supuesto, no ganó nada. Al menos hoy me sirve de homenaje, si no a un escritor que conozco más bien poco sí a un gran libro.

1 comentario:

Estefania dijo...

El homenaje podría ser a Cortazar...
Me encanta leerte siempre.

Besos desde el sur querido Oh.

Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...