26 ene. 2012

Camisa blanca de juventud


En el pasado fue terrible
constatar el pasado precedente,
concebirlo tan sólo, 
ponerle otra vez
sonrisa, dimensión, 
casi palparlo
como a un fantasma indómito
superviviente de entretiempo
y exilios.

Llovió después bastante
y el radio de tiempo
colgado de ese eje preciso
conmemoró la pérdida, año tras año,
como la leyenda inscrita
en cada vuelta
del cinturón de fuego y tiempo
de un roble inmemorial.

Sigue lloviendo ahora
y los lodos son ya
sedimentos de historia,
arqueología de sentimiento,
una mancha morada
tan prescindible como imposible
de borrar
de la camisa blanca de la juventud.



2 comentarios:

Isra dijo...

Las manchas pasadas no son prescindibles...
Es más, sería imposible que el presente sea como es sino fuera porque el pasado ha sido como ha sido (para bien y para mal).

Salud!

Vanity dijo...

Oscuro, lo veo oscuro. Lidiar con el pasado siempre es complicado, salvo cuando bajo un manto de alcohol y necesidades primarias cubiertas, consigues pasártelo bien, más o menos, empalizando con el sexo opuesto. Por ejemplo.

Grande, mis regresos por aquí son siempre un hallazgo de nuestro pasado, bien presente. (uf, hace tiempo que no dejaba una frase lapidaria en un comment, creo).

Abrazo,

VD