El deseo

Urge vivir
en otros lugares
y en otros momentos,
conjurar
las espinas de la lluvia
en la oficina,
las arboledas, los ríos, las batallas
en el corazón de la poesía
y en los libros.

El deseo
de viajar dentro de mí, el deseo,
sustenta esta trampa 
tan legítima y dignificante,
tan humana.

El resto es reconocer
lo simplemente minúsculo,
aceptar el ruido atronador y breve
dentro de este silencio infinito,
aprender a mirarse 
de una vez
en los espejos.


1 comentario:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Y es que en el fondo todos somos vampiros,l no somos capaces de ver nuestro reflejo.

Lo sencillo, porque calma y porque se entiende, siempre será mi mayor deseo.

Un saludo

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