Enero

Caminamos juntos.
Recorremos el pueblo
siempre por los mismos caminos,
la ruta costera, las pistas,
las carreteras que circunvalan
los montes y las fincas.
Ella lleva las mejillas enrojecidas
por el fresco de enero
y un cansancio leve
que le sienta bien.
Ha caminado mucho
en todos estos años.
Según los cálculos
que hemos hecho
ella y su amiga han caminado
más de diecisietemil kilómetros
en estos treinta años.

Por eso sabe andar por el pueblo.

Al pasar saluda a los vecinos,
que se mueven
tristes o distraídos
en los alrededores de sus casas.
Ella los saluda por el nombre
y en cada saludo hay una historia
que agoniza.
Hola, Patricio
Hasta luego, Socorro
Adiós, Germán.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mirada que no cesa

El sabor de la manzana

Bob y yo