Otra espiral

En uno de sus diálogos de madrugada explicaba al Incorpóreo de turno sus mecanismos para evitar las andanzas en sueños. En esa ocasión, en el mundo oscuro, consciente, antes de dormir, pegaba un papel a la parte de atrás del móvil especificando el procedimiento a seguir cuando saliera de si mismo.

"No pasa nada, estás soñando, vuelve a dormirte"

Comprometido a su cita, a las cuatro o cinco de la madrugada una acción del reino de lo onírico lo sacaba súbitamente del sueño estático y lo metía en la (primera) dimensión paralela de su vida. Como si fuera una rutina laboral consultaba la pantalla brillante del aparato con el primitivo propósito de registrar la hora del cambio ignorando el mensaje que su espejo en el mundo oscuro había colocado expresamente para él.
Entonces empezaba a relacionarse y reñir con los Incorpóreos. Ellos lo buscaban, lo provocaban sabiendo que su embriaguez no lo mantendría callado. Él se enervaba, discutía, se burlaba, se moría de risa. Los diálogos con los Incorpóreos son el humor inteligente de uno mismo, combates de tira y afloja donde nadie se cansa de rebatir. En más de una ocasión los maldecía escondiéndose con rabia tras la almohada. Otras veces era él quien se disculpaba repitiendo rogativas de perdón en el silencio de la noche. Sin embargo, aunque las discusiones eran encendidas, carecían de malicia: todo era camaradería, risas y sarcasmo, como si se encontrasen en un extraño café de escritores bohemios.


Esa noche un Nocturno macho se acercó súbitamente en busca de conversación (es muy difícil caracterizar a un Nocturno porque normalmente no se recuerdan sus rasgos por lo que tan sólo se puede confiar en la capacidad del instinto de discernir sexos). Empezaron a platicar y esporádicamente, con la extroversión lúcida que afloraba en su oratoria por las noches, él le contó sin prejuicios ni verguenza (ni alma) la anécdota del post it y como, con el fin controlar su actividad onírica, se había dejado un mensaje para que lo leyera la versión ciega y sonámbula de si mismo.

Se había reinventado soñando que soñaba. Se había colado, como tantas otras veces, en una espiral de incierta conclusión.



3 comentarios:

Estefania dijo...

tarantinorrr que miedito das por las noches!! jaja

me encanto lo que escribiste ya te lo dije, sigue haciendolo, aunque sea en trenes!!


espero verteeeeeee ya lo sabes. besosss oh!

spence dijo...

joder, no sé porqué hacía días que no pasaba por aquí.
lo hechaba en falta.

saludoss

annna dijo...

:*

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