Soltura (poema de Ramón Andrés)

Soltura
 

En no ser recordado estará mi recuerdo,
en el sol que contrae la teja y en la avispa
que aprovecha la casa donde vivió la alondra,
en la niebla que falta para que el horizonte
imante lejanías y curve sus laderas.
La cereza robada, el rastro del hurón,
los árboles que forman emblemas de un bestiario,
el rebaño y el viento rodando como un huso
para bajar la lana al frío de los pueblos,
cabrán en cualquier mano.
                                      No seré recordado.
Bienhallado el olvido. Se juntará la estrella
con el rincón del liquen, así crecieron frondas,
en todo habrá cimiento, y yo tendré los rasgos
de otra raza, la edad jamás dada a los hombres.
Se perderán galaxias como yerba arrancada
por el corzo nevado, y el trébol vivirá
con la estela pisada, se astillará la lluvia,
la cresta de los gallos cortará en su vaivén
los haces de la aurora, el eco desgajado
del nogal y el enebro, la camisa tendida
con los puños del cierzo.
                                   No seré recordado.
Me suplirán los techos, la silla, la leñera,
el remolino de hojas que asciende sus caminos
buscándose en los troncos. Y yo no existiré,
porque nunca fui más que el huésped de las garzas,
el salitre en la cruz de una ermita costera,
la pala acostumbrada a franquear el fuego
para obtener el pan. No seré recordado,
me abrirá paso el águila festejando la nada,
nadie preguntará quién podó los frutales,
quién viene tropezando en la inmortalidad.


Ramón Andrés
(Pamplona, 1955), La amplitud del límite, DVD Ediciones, Barcelona, 2000

leído en Otra iglesia es imposible

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