Las cerillas del naúfrago


Todo el día
proyectando
preciosas imágenes
que se desvanecieron una a una
entre mis dedos amnésicos
Turbulencias de pasión y de cariño
Banderas que no ondean en la superficie lunar
Una cajita de cerillas
en el bolso de la camisa de un naúfrago
en pleno océano Pacífico
Susurros que me inspiraron
y que se fueron
y que ahora dudo
llegar a regalarte nunca más

Nunca más

A veces
-es decir, antes-
pienso que aún te estimo
por inercia
o porque es gratis
estimar a las personas
Ahora
-es decir, ahora mismo-
pienso que esto es un eufemismo
Una cobardía
Una excusa filtrada
Y que desde hace seis versos
o seis siglos
-no lo tengo muy claro-
siempre quise decir que te quería

Con todas las ganas del mundo
(Decirlo, no quererte)


8 comentarios:

Julia dijo...

qué duro,
joder,
es desamar

Vanity dijo...

siempre he sido bastante patético a la hora de comentar poesía.
Gracias por quedarte con la frase de mi último texto, soñé con que alguien la vería interesante. Gracias de todo corazón y pipa de opio.

Respecto al poema, que te lo curras, no creo que hagas zurullos como yo en 15 minutos.

Un abrazo

Elisa dijo...

PERFECTO! Tiene un toque sútil, de sobervia que me fascina...

Julia dijo...

ya, porque lo siento...
tambien/ tammal.

Herzeleid dijo...

Bufff, qué escalofriantemente intenso...

Boixo sigue al pie del cañón, dando a Rulfo a las 9 de la mañana, jeje, con sus particularidades y excentricidades. La última, una obsesión con los interruptores :S

Cuando nos tomemos ese café, te hablaré de mis decepciones, entre ellas, mi carrera.

Un abrazo fuerte!







PD: "Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender una de las cerillas. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase le tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo.
Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo.
John, como leyéndole el pensamiento, comentó:
Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso; con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo.
Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte.”

Herzeleid dijo...

Es un pasaje de "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel ;)

LatitadeAlmendras dijo...

que maravilla, tin

besito!

Raziel dijo...

Me ha gustado el poema (entre otras cosas del blog), le felicito! =)

Permanencia

Es denso el desánimo respirado a bocanadas de madera negra, como la atmósfera febril de nuestro planeta, el pesado mirar hacia el horiz...